jueves, 10 de abril de 2014

Capítulo 2: Historias

- ¡Estás loco Jack! ¿En qué estabas pensando? - Dijo Norte exasperado.
 Jack había regresado a su mundo de repente en apenas un pestañeo. Aun no sabía cómo pero estaba en la fortaleza de Norte rodeado por los demás guardianes: El conejo de Pascua, el hada de los dientes y Sandy, el creador de sueños. Ninguno de ellos parecía contento.
- Solo intentaba hacer mi vida un poco más interesante. - Contestó Jack apoyándose sobre su bastón.- Pero tranquilo viejo, tengo aquí tu bola mágica. - Metió la mano en el bolsillo y sacó la esfera, extendió la mano pero cuando Norte fue a cogerla Jack la retiro rápidamente. - ah, ah, ah, no ¿Qué es esto? No es como las demás.
 Norte no contestó.
- Jack devuelve eso ahora mismo. - Exigió Bunny. - Con lo de hoy ya has tenido emoción para años.
- Oh sí, lo siento pero yo no me paso la vida pintando huevos en una madriguera.
- Pues tal vez deberías empezar, eso ha sido una insensatez. - Dijo Bunny claramente molesto.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa con esta cosa, es que nadie va a explicármelo?
- Jack... - Comenzó Norte. - Esto no es más que un invento fallido. Hace años pensé que habría otros mundos y en ellos, más niños a los que ayudar... pero me equivoque. - Dijo en tono apenado bajando la mirada.
- ¡No no te equivocabas! ¡Yo he estado allí y he encontrado a una niña! ¡Una niña que podía verme! Parecía triste y asustada...
- No sigas Jack. - Le cortó Norte. - Olvídate de esa niña no puedes hacer nada por ella. - Hizo una pausa. - Somos los guardianes de este mundo, no del suyo, ni de ningún otro. Este es nuestro sitio.
 Norte extendió la mano para que le entregara la esfera pero Jack dudoso miró a su alrededor, tanto Sandy como Hada observaban la escena resignados.
- Jack... por favor... -. Suplicó Hada con un hilo de tristeza en su voz.
 Jack entregó a Norte la esfera de mala gana. Se dispuso a irse pero recordó una cosa que debía preguntar.
- ¿Cómo me trajisteis de vuelta?
- Preferiría que no lo supieras. - Contestó Norte cabizbajo.
 <<Me encanta que confiéis tanto en mi>> Con este pensamiento y sin decir nada más tomó rumbo a su "hogar". Pensando por el camino en todo lo sucedido: La bola mágica, el nuevo mundo, la niña, el temor de Norte. No podía dejar de pensar y siguió pensando una vez en casa. ¿Qué no podemos ayudar a otros niños? ¿Acaso lo ha intentando? ¿Hay guardianes en los otros mundo? ¿Si esa niña no sabe quien soy por qué puede verme? ¿Por qué tiene esos extraños poderes? ¿A caso todos en ese mundo los tienen? ¿Cómo me han traído de vuelta? Siguió pensando en ello hasta bien entrada la noche hasta que oyó un suave aleteo en la entrada de la cueva.
- ¿Jack? - Dijo suavemente el Hada de los dientes. - ¿Jack estas ahí?
- ¿Que pasa Hada, hoy no hay dientes que recoger? - Contestó todavía algo mal humorado asomándose hacia la entrada.
- Oh no, siempre hay dientes que recoger. Pero he venido a hablar contigo, creo que es más importante.
- ¡Oh que privilegio!
- Jack por favor escúchame, voy a contarte algo importante. Algo sobre lo ocurrido hoy y lo ocurrido hace años. - Jack, algo perplejo invitó a entrar al hada con un simple gesto de cabeza y ella le siguió hasta el interior de la cueva. - Jack por favor no te tomes a mal lo que ha pasado hoy,  Norte ha tenido una mala experiencia con esa esfera mágica y no quiere que la historia se repita.
- ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Y si da tantos problemas porqué no la destruyo?
- Bueno, supongo que tienen un enorme valor sentimental para él. Verás Jack, dicen que antes de nosotros hubo otros guardianes y que tenían la capacidad de viajar entre mundos, pero muchos de ellos fueron olvidados y dejaron de existir o dicen también que se quedaron en otros mundos.
- ¿Quién lo dice? - Preguntó incrédulo.
- ¡Las historias Jack! Lo que te voy a contar ahora es un secreto ¿vale? Norte no quiere que se sepa pero, cuando él descubrió que los anteriores guardianes viajaban entre mundos él quiso hacer lo mismo y para ello creo esferas como esa, muchas, durante muchos años pero fue un fracaso, no es fácil encontrar un mundo sin saber de su paradero, pero se dice que cada estrella es un mundo. - Jack escuchaba con atención. - Entonces un buen día descubrió Arendelle y viajó sin pensárselo dos veces hasta que se dio cuenta de que se sentía débil porque allí nadie creía en él, pero cuando quiso regresar el portal de retorno no funcionaba entonces allí mismo, en ese mundo, tubo que crear algo que lo hiciera regresar. Creó dos anillos; uno para regresar y otro para invocar.
- ¿Por qué el de invocar?
- Por si a alguno de nosotros se nos ocurría atravesar el portal tener un modo de traerlo de vuelta. - Hada le lanzó una mirada burlona -. No lo sé, supongo que por seguridad...
- Ah, ya veo, que precavido. - Dijo sin poder evitar soltar una pequeña risita. - ¿Y qué pasó cuando regresó?
- Pues cuando regresó nos informó de lo sucedido haciéndonos prometer que jamás usaríamos el portal, ya que era demasiado peligroso para nosotros. Pero él no pudo reprimir su curiosidad y ya con la seguridad de poder regresar visitó Arendelle nuevamente. Pero algo había cambiado desde la última vez que estuvo. Fue entonces cuando descubrimos que el tiempo no avanza igual en todos los mundos.
- ¿Qué quieres decir? ¿En Arendelle el tiempo pasa más deprisa?
- Bueno no conozco todos los detalles pero me imagino que sí. Yo nunca he atravesado el portal, tengo demasiado trabajo aquí.  El caso es que allí por segunda vez trató de ayudar a unos niños huérfanos que no tenían nada; pero por mucho que lo intentara los niños no consiguieron creer en él y no sé cómo, pero no les traía más que problemas a los pequeños. El día que volvió no parecía el mismo, estaba pálido y sus ojos sólo reflejaban tristeza, fue unos días después cuando nos contó lo ocurrido: Los niños habían muerto frente a él y no pudo hacer nada por salvarles. Había fracasado en su misión. Nunca más habló de ello, puso esa esfera en la estantería y nunca más volvió a tocarla... supongo que se había encariñado de esos niños.
 Jack guardó silencio un buen rato.
 - Pero que él haya fracasado no quiere decir que todos vallamos a hacerlo ¿Y si yo puedo... y si yo puedo ayudar a esa niña? Nunca lo sabré si no lo intento.
- No me mal interpretes Jack, no te estoy pidiendo que te quedes aquí de brazos cruzados, porque te conozco y sé que no lo harás. Te cuento esto para que entiendas las cosas y tomes las precauciones necesarias. - Hizo una pausa y extendió su mano cerrada en un puño. - Pero no me pidas que te acompañe. - Cuando abrió la mano Jack pudo ver dos anillos de cristal mágico que brillaban como el hielo atravesado por el sol.
- Hada... - Dijo Jack estupefacto.
- Prométeme que volverás y que tendrás cuidado.
- ¡Oh Hada eres la mejor!
Jack abrazó a Hada y comenzó a girar con ella en brazos.
- ¡Si lo sé! - Exclamó ella entre risitas todavía en los brazos del joven. Cuando ya la soltó continuó hablando. - La verdad es que ha sido muy emocionante esto de robar los anillos. - Soltó una risita eufórica y entrecortada. - Ha sido como coger los dientes ¡solo que nadie se lo espera!
- Dime que no has dejado dos monedas.
- ¡No seas tonto Jack! Y cuando vuelvas cuéntamelo todo. Eso sí, no he podido traerte la bola mágica.
- No te preocupes Hada, de eso ya me encargo yo.

 Los días siguientes transcurrieron con total normalidad y aunque Jack no había tenido todavía la ocasión de robar la esfera mágica podría decirse que preparaba el terreno y guardaba los anillos como sendos tesoros; afortunadamente Norte no había notado su ausencia. Pero no fue hasta casi unos meses después cuando Jack logró hacerse con la esfera en otro descuido de Norte. Demasiado ocupado como para prestarle atención, como siempre.

 Esa misma noche Jack atravesó el portal.

lunes, 31 de marzo de 2014

Página de personajes añadida

 ¡Hola!
 He añadido un par de páginas al blog, justo bajo la cabecera. En la página de personajes podéis ver los personajes que han salido en la historia y los que saldrán el el siguiente capítulo.
 Iré actualizando la página a medida que publique los capítulos y salgan nuevos personajes.
 ¡Un saludo! ^^



lunes, 10 de marzo de 2014

Capítulo 1: Nuevo mundo

 En las lejanas tierra heladas del norte, en un lugar desconocido y conocido por muchos como el polo sur se halla un enorme palacio cubierto de hielo y nieve, donde se está llevando a cabo una importante reunión para planear la navidad de este año. Yetis y pequeños elfos escuchan atentamente las instrucciones de su jefe, un hombre robusto y grande de larga barba blanca llamado Norte, pero más conocido como Papá Noel o Santa Claus. El hombre daba órdenes claras y precisas a todos los trabajadores para que todo fuera a la perfección, cuando hubo terminado su trabajo se retiró a su pequeño despacho decorado con un montón de juguetes que él mismo había creado, allí Norte se relajaba, pensaba, o nacían sus más brillantes ideas. Pero esta vez el hombre apenas tuvo tiempo de sentarse cuando la puerta se abrió de repente.
- Hola Norte. - Dijo la esbelta figura de un joven peli blanco.
- ¡Jack! ¿Cuántas veces debo decir que llames a la puerta? ¿Qué haces aquí? ¿No ves que estoy muy ocupado planeando la navidad?
- Si, si, lo sé pero el verano me aburre un poco ya sabes el calor, el sol... derriten la nieve y podrá cundir el pánico si provoco una nevada. - Explico mientras curioseaba entre los juguetes de la habitación.
- Bueno, puedes ir a jugar con pingüinos u osos polares. - Miró hacia Jack un momento y vio cómo jugueteaba con una pequeña bola de cristal con polvo dorado y un castillo en miniatura en su interior. - ¡Ten cuidado con eso Jack déjalo en su sitio!
- Ya... - El joven obedeció y dejo la bola en la estantería. - Los pingüinos son muy monos pero no es tan divertido jugar con ellos. ¿No tendrás ningún trabajito de guardián para mi verdad?
- No. - Norte estaba muy concentrado tallando una muñeca de madera.
- ¿Sabes? Cuando me convertí en guardián creí que mi existencia sería más interesante pero desde que nos cargamos a Sombra no ha pasado nada y sigo haciendo lo mismo de siempre...
- Eso es bueno, los niños están a salvo, ellos creen y nosotros también estamos a salvo.
- Si, vale, es bueno pero... no sé... siento que anhelo algo más, alguna aventurilla...
- El verano nunca te ha sentado bien Jack, bueno, si tanto te aburres te doy permiso para crear una ventisca en Canadá ¡Pero no te acostumbres! Ahora márchate, estoy muy ocupado. ¡Ah! Jack, llévate un juguete si quieres, para entretenerte estos meses.
- Si, vale... gracias. - Jack se giró para abrir la puerta y vio la bola de cristal que Norte le había ordenado guardar <<Parece que esto tiene cierta importancia>> Pensó. << ¿Y si pensara que lo ha perdido? Podría ser divertido, se lo devolveré cuando se empiece a arrancar el pelo>>. Cogió la pequeña bola y la guardó cuidadosamente en el bolsillo, Norte ni siquiera le miraba. - Ya me marcho. - Y cerró la puerta tras de sí.

 Ochenta años habían pasado casi desde la batalla contra Sombra, tal y como había dicho Norte todo estaba en orden y los niños a salvo, pero Jack extrañaba en cierto modo esos días, el solo tirar bolas de nieve no le contentaba, a demás su condición de guardián le limitaba mucho sus travesuras habituales y el contacto con las personas. <<¿De qué sirve que los niños crean en mi si tengo que esconderme de ellos?>> La fe de los niños es lo que mantiene vivos a los guardianes, por lo que le serbia de mucho, pero lo que realmente le gustaba era jugar con ellos, cosa que no podía ser, ya que entre las normas de los guardianes existe la de no dejarse ver ¿O tú has visto alguna vez al hada de los dientes?
 Finalmente Jack llegó a su refugio; una pequeña cueva cerca del lago en el que había muerto y renacido. Allí se sentó en una esquina apoyando la espada cómodamente contra la pared y dejando a un lado su bastón. Se metió la mano en uno de sus bolsillos,  cogió la pequeña bola de cristal y comenzó a observarla más detenidamente. En seguida se dio cuenta de el alto nivel de detalle de las figuras que estaban dentro; no solo el castillo, también se podía ver un plaza con gente, un puerto y montañas a los alrededores, todo ello bañado por un precioso polvo dorado que caía como nieve al agitar la esfera.
- ¡Cómo se curra este hombre los juguetes! ¿Me pregunto si ya se habrá dado cuenta de que ha desaparecido?
 De repente una sensación cálida le invadió la mano que sostenía la esfera. Jack no sabía porque pero comenzaba a sentirse inquieto y miró la bola más fijamente reparando en cada detalle, cada, surco, cada figura; casi parecía un lugar real ¡y vivo! pero era un lugar desconocido que nunca antes había visto. Extraño, ya que Jack se había recorrido el mundo más de una vez y lo conocía muy bien, pero este era diferente.
 <<¿Será una de esas bolas mágicas que usa Norte para trasportarse?>> Giró la esfera entre sus manos <<No sé si debería arriesgarme... Podría romperse y Norte se enfadaría mucho>> Cuanto más lo pensaba más sentía el impulso de intentarlo. <<Un buen rapapolvo de Norte, si, como en los viejos tiempos. Después de todo he sido un niño muy bueno estos últimos años, creo que ya es hora de hacer alguna travesura... y si funciona parece más divertido que una ventisca en Canadá>>.
 Sin pensárselo un segundo más se puso en pié, cogió su bastón y lanzó la esfera contra el suelo. Inmediatamente se abrió ante él un portal mágico que sin ninguna duda le llevaría a ese lugar desconocido, sin más dilación, atravesó el portal.

 Los viajes a través de portales mágicos siempre desorientaron un poco a Jack pero esta vez sintió que fue un viaje realmente intenso. Sacudió la cabeza y se pasó una mano por su cabello blanco, pestañeó repetidas veces y cuando se sintió más estable se dio cuenta de que estaba suspendido en el aire sobre una preciosa ciudad... o reino, si, tal vez esa es una palabra más apropiada. Era el mismo reino que había visto en el interior de la bola de cristal; el castillo, la plaza, el puerto, las montañas... todo estaba ahí. Metió su mano en el bolsillo, la bola de cristal había regresado y no pudo evitar lanzar un grito de júbilo mientras se lanzaba a explorar aquel lugar.
 Bajó volando hacia el puerto. Estaba lleno de enormes barcos de madera y velas como los que Jack había visto muchos años atrás. Había mucha actividad, pero nadie parecía verle, flotaba sobre el suelo y no llamaba la atención de nadie, la gente pasaba a través de él, cosa que siempre le molestó, por lo que decidió volar un poco más alto, lo suficiente para observarlo todo y no "chocar" con nadie.
 El clima era cálido y los coloridos alegres, la gente, en general, parecía feliz y a gusto. Recorrió los puestos del mercado y cada callejón de la ciudad, entonces llegó a las puertas del castillo, grande y majestuoso. <<Entrar por la puerta sería lo lógico>> pensó, pero realmente le llamaban más la atención los altos torreones, había visto muchos castillos pero ese tenía algo que lo hacía distinto a todos los demás. Sin saber muy bien por qué, llamaba su atención. Comenzó a volar más alto rodeando la fachada y viendo a través de las amplias ventanas; pudo ver al servicio ir de un lado a otro atareados por diversos pisos del castillo, pero nadie lo vio a él. Siguió subiendo y se dio cuenta de que las ventanas estaban cerradas, todas y cada unas de ellas, le pareció extraño, hacia buen día y todas las ventanas de los pisos superiores cerradas. <<Curioso>> Siguió subiendo hasta que finalmente pudo ver una ventana abierta, se asomó y vio una bonita y amplia habitación en tonos claros de rosa, con una chimenea, un gran armario y una enorme cama con cortinas, todo esto rodeado de diversos juguetes, sin duda alguna la habitación de una pequeña princesa, pero no había nadie.
 Continuó su camino al rededor de los torreones topándose únicamente con ventanas cerradas pero entonces vio como unas de las ventanas que había dejado atrás corría las cortinas y se acercó rápidamente.
 Al otro lado del cristal se habría una habitación oscura y fría de escasa decoración, en ella una niña pequeña de pelo rubio blanquecino leía un libro sobre su cama. Precia triste y preocupada, tal vez incluso con miedo. Miró a la niña detenidamente cuando de repente el libro que la niña tenía entre las manos comenzó a cubrirse de escarcha, se dio cuanta entonces de que la niña llevaba guantes, ella pareció no darse cuenta o no le sorprendía, pero Jack estaba perplejo, nunca había visto a un humanó hacer algo así. Se acercó más a la ventana y apoyó una de sus manos sobre el cristal , fue entonces cuando la pequeña se giro y su expresión cambió completamente, sorprendida o asustada la niña lanzó un grito ahogado y el libro que tenía en las manos se congeló por completo, acto seguido lo soltó por auto reflejo dejándolo caer al suelo. La niña se puso en pié y comenzó a alejarse lentamente en dirección hacia la puerta. Jack pudo ver el miedo en sus ojos y como una pequeña tormenta de nieve se formaba al rededor de la niña. Jack se giró para ver tras de sí pero no había nada, fue entonces cuando se dio cuenta: lo estaba viendo a él.
- No, no, espera, tranquila, no tengas miedo, no voy a hacerte daño.
 La situación no parecía mejorar, la niña estaba cada vez más nerviosa y más cerca de la puerta, entonces tuvo una idea: Con un pequeño toque de su bastón cubrió una pequeña zona de la ventana de escarcha y ahí dibujó la silueta de un conejito que, con un ligero gesto, hizo que cobrara vida y se acercara juguetón a la niña. Eso pareció relajarla, miró hacia Jack incrédula y luego al conejo que brincaba a su alrededor, se agachó y el conejo se paró frente a ella moviendo su pequeña cabecita de nieve, entonces ella extendió la mano y lo acarició cuidadosamente. Era una sensación extraña y fría pero a ella el frió no parecía molestarle, sonrió y cogió el conejo en brazos.
- Ves, no tienes que tenerme miedo. - Dijo Jack. - Somos iguales.
 Una chispa de luz despertó en los ojos de la niña y se acercó a la ventana, dejó el conejo sobre su cama y abrió la ventana sin dejar de ver a Jack por un segundo, al igual que él hacía con ella. Jack apoyó sus pies en su bastón y se puso de cuclillas, la pequeña se subió al pequeño mueble que tenía bajo la ventana y puso sus brazos sobre el alféizar.
- ¿Quién eres? - Preguntó finalmente la niña.
 Pero cuando Jack se disponía a responder notó como una fuerza invisible tiraba de él. La niña esperaba impaciente la respuesta pero, sin saber cómo, el joven que había frente a ella desapareció en apenas un pestañeo. Pudo ver como cambió la expresión del joven, por un segundo parecía sorprendido pero un segundo después ya no estaba ¿Se lo había imaginado todo? Miró su cama, en el lugar donde había dejado el conejito de nieve pero en lugar de eso vio sus sábanas mojadas y el libro congelado no muy lejos, en el suelo. Estaba totalmente desconcertada. Entonces llamaron a la puerta y oyó la voz de su hermana pequeña.

- ¿Elsa? Hazme un muñeco de nieve.