martes, 28 de julio de 2015

Capítulo 14: De nuevo en casa

  Sintió como se agitaba todo su ser: Primero un fuerte tirón, luego un brusco cambio de presión seguido de un mareo. Por unos segundos se sintió etérea, como el aire, pero pronto tuvo la sensación de que iba a desmayarse. De repente notó como sus pies se apoyaban en el suelo, sin embargo sus piernas parecían no responderle. Temió caer, pero unos brazos la sujetaron firmemente y la recostaron en lo que parecía una tierra blanda y húmeda; Solo entonces abrió los ojos, un poco confusa por todas las sensaciones que acababan de recorrer su cuerpo. Lentamente su vista borrosa se fue enfocando, hasta distinguir a la perfección la silueta de un chico joven de cabellos níveos con mechones castaños y ataviado con extraños ropajes.
  El muchacho la miraba con preocupación y algo fatigado.
- ¡Elsa! ¿Estás bien?
  La reina miró a su alrededor algo desconcertada: Estaba en un lugar oscuro y húmedo, rodeado en su totalidad de piedra fría. 
- Si... - dijo al tiempo que llevaba una de sus manos a la cabeza y trataba de ponerse en pie. - Es solo que he sentido algo muy extraño - logró ponerse en pie con ayuda de Jack. Miró de nuevo a su alrededor -. ¿Dónde estamos?
  Jack desvió la mirada y se pasó una mano por el cabello, algo nervioso. Titubeó antes de hablar.
- En mi casa -. Respondió con una sonrisa nerviosa.
- ¿¡En tu casa!? ¿¡Me has traído a tu mundo!?
  Los ojos de Elsa parecían querer salir de sus órbitas. Se quedó pálida y sintió que las piernas le fallaban de nuevo. Jack la agarró por los hombros y la balanceó levemente para sacarla de su estado de shock. 
- ¿Cómo voy a regresar Jack?
- Del mismo modo que llegamos aquí, no te preocupes por eso, confía en mí.
- Hay que volver ¡El reino, mi hermana!
- Tranquila, respira. Regresaremos en breves, te lo prometo, pero... ya que estamos aquí... me gustaría enseñarte algunas cosas, si me lo permites.
- ¿Y los hombres que me atacaron? ¿Qué pasa con ellos?
- Pues que te han visto desaparecer del mismo modo que tú me viste desaparecer a mi hace años en tu ventana.
- ¿¡Tardaremos tanto en regresar!? - Exclamó alterada y con respiración entrecortada.
- ¡No, no! Eh, mírame - Jack irguió la cabeza de Elsa sosteniéndola gentilmente por la barbilla y la miró a los ojos -. Vas a regresar a Arendelle, y cuando lo hagas todo seguirá igual. Te prometo que tu hermana no será una anciana cuando volvamos.
  Acompañó sus palabras con una gentil sonrisa, y eso pareció tranquilizar a Elsa. La reina guardó silencio unos segundos y finalmente asintió.

  Jack hizo un gesto para que Elsa lo siguiera, y eso hizo, sin pensárselo dos veces, pero cuando comenzaba a emanar la claridad el muchacho se paró en seco volviéndose hacia su compañera.
- Creo que no es buena idea que salgas así.
- ¿A qué te refieres? - preguntó extrañada.
- Tu ropa no es... la adecuada.
  Elsa miró a Jack algo confusa, pero luego comprendió. Lo miró como tratando de descifrar un código, en este caso, el de la vestimenta de ese nuevo mundo que le esperaba tras los muros de piedra.  La indumentaria de su compañero era, cuanto menos, extraña para ella: blusas extravagantes con capucha y bolsillos, largas mangas abombadas en los puños, pantalones raídos sujetos con cordones a las pantorrillas.
  Reflexiva, se detuvo unos instantes.
- Puedo hacerme otro vestido -. Dijo finalmente.
  Se concentró. En su mente comenzaba a formarse algo similar a la ropa de Jack, pero con una falda larga y sencilla. Hizo un gran esfuerzo, y se percató de que algo no iba bien: su poder no fluía con normalidad, pues apenas sintió cambiar las mangas de su vestido cuando el sudor ya le había perlado por completo la frente.
- ¡Elsa, para!
 La reina bajó sus brazos lentamente, mientras veía sus manos confusa y con rostro pálido.
- No... no lo entiendo - dijo con voz temblorosa -, mis poderes no funcionan.
- En este mundo la magia es muy débil, solo los guardianes podemos usarla en la actualidad, y aún así podemos perderla.
- ¿Cómo pierde un guardián sus poderes?
  Jack dudó unos segundos antes de responder.
- Esto te sonará extraño -dijo con una media sonrisa nerviosa-, pero cuando un guardián nace solo la fe que los niños tienen en él pueden mantenerlo con vida. Si los niños dejaran de creer en nosotros nuestra magia desaparecería, y a la larga nosotros con ella. Cuando un niño crece normalmente deja de creer, pero otros niños lo suplantan - miró a Elsa a los ojos y le dedicó una dulce sonrisa -; Me alegra que tú no dejaras de creer.
  Elsa sintió como algo se derretía en su interior al ver esa sonrisa en el rostro de Jack. Estaba apoyado en su bastón, relajado como de costumbre, dedicándole esas palabras y sonrisas que hacían que su corazón latiera con más fuerza sonrojando su rostro.
- ¿Cómo nace un guardián? -preguntó la reina tratando de disimular su timidez y sus mejillas sonrojadas.
- Como una persona normal... pero luego es elegido por la luna para proteger a los niños y sus sueños.
- ¿Protegerlos de qué? ¡Eh, espera un segundo! Me dijiste que no recordabas nada antes de la luna ¿Acaso has visto nacer a otros guardianes?
  Elsa miraba a Jack de forma inquisitiva y punzante, tanto que le resultaba doloroso. Odiaba tener que mentirle u ocultarle información ¿pero sería capaz de entender que estaba muerto o que tenía más de trescientos años? No era algo fácil de asimilar y Elsa era una persona muy inestable y era consciente de que sin él estaba perdida pero ¿cómo decirle todo eso? Quiso encontrar las palabras, pero fue en vano;  No estaba preparado para eso.
- Es lo que me han dicho - respondió agachando la cabeza.
  Por un momento Elsa se sintió mal. No sabía cómo, pero de algún modo había dañado a Jack <<No debería volver a sacar el tema... no tener recuerdos debe ser doloroso>>.
- Lo siento Jack. No debería entrometerme en asuntos que no me conciernen.
- Eh, no te disculpes ¡eres la reina! - dijo forzándose a mantener su tono alegre y desenfadado actual -. Quédate aquí un momento, toma - metió la mano en el bolsillo de su sudadera, sacando de ella pluma, papel y tinta - escríbele la carta a tu hermana mientras yo voy a por algo de ropa para ti.

  Cuando Elsa pudo reaccionar alzando su mano en señal de despedida Jack ya había alzado el vuelo y lo había perdido de vista. Se quedó así un rato, con el brazo en alto mientras miraba la claridad que emanaba del exterior bañando su cuerpo de calidez y alimentando su curiosidad. Por primera vez en mucho tiempo tuvo ganas de salir al exterior, ver cosas nuevas y hacer alguna que otra locura: divertirse como una persona normal.

  Se quedó donde estaba, la zona estaba lo suficientemente iluminada como para escribir. Se sentó en el suelo apoyando su espalda contra el muro de piedra y el papel en sus muslos. Flexionó las rodillas y comenzó a plasmar sus sentimientos y pensamientos en el papel.
  La palabras fluían con naturalidad. Eran muchos años repitiéndoselas a sí misma, ensayando el discurso en su mente, con la esperanza de poder decírselas a Anna.
  No tardó mucho en terminar. Por desgracia unos malos pensamientos cruzaron su mente cuando doblaba el papel sobre sus rodillas: Los hombres que le atacaron. Era consciente de que no los había enviado Anna, no imaginaba a su dulce y risueña hermana pequeña enviando unos hombres a matarla, y menos si antes hablar, por lo que un pensamiento todavía peor la invadió <<¿Estará Anna bien?>>. El sonido de un aleteo la devolvió a la realidad.

  Era como si un pájaro gigante se aproximara a toda velocidad hacia ella. Se puso en pie. Oyó la voz de Jack, pero no pudo distinguir lo que decía; una voz femenina y entusiasta le respondió.  La claridad comenzó a perder fuerza y distinguió la silueta de Jack a través del largo pasillo en compañía, de lo que parecía, una persona con alas de colibrí.
  Cuando se acercó y pudo distinguir su figura quedó todavía más extrañada: Parecía una mujer, pero también parecía un pájaro. Era más baja que Jack, de torso fino, caderas anchas y grandes ojos vivarachos. Su cuerpo estaba enteramente cubierto por plumas de llamativos colores, entre los que predominaba el verde, y se movía rápida agitando sus alas, como un pequeño colibrí.
  Sintió como la mirada de ese extraño ser se fijaba en ella. Elsa se puso nerviosa, no sabía cómo actuar. Retrocedió  un paso por acto reflejo, esperando que no se hubiera dado cuenta y que por consecuencia no se sintiera ofendida.
- No seas muy efusiva Hada, es un poco tímida - dijo Jack.
  Hada revoloteó al rededor de Elsa como si fuera la primera vez que viera un ser humano, estudiando cada milímetro de su cuerpo y de su rostro... o eso le pareció.  La observaba sonriente y con curiosidad, moviendo su cabeza como era propio de la aves, meciendo sus largas pestañas y sus tupidas plumas. La miró a los ojos y el ser comenzó a mover las manos intranquila, hasta que finalmente las usó para abrirle la boca y observar fascinada sus dientes. Para Elsa eso fue incluso más extraño que huir de palacio y construir su propio castillo de hielo en la montaña más alta del reino.

- ¡OH! - exclamó Hada - ¡Qué dientes tan bonitos!
- ¡Hada vasta, la vas a asustar! - Jack se acerco a Elsa y la aparó de Toothiana.
- Ups, lo siento. Sabes que no puedo evitarlo.
  Elsa observaba la escena atónita mientras se frotaba los labios.
- Es verdad, no puede evitarlo: cuando nos conocimos me hizo lo mismo.
- Oh, Majestad lo siento muchísimo, disculpadme por favor.  Tenía tantas ganas de conoceros que he olvidado mis formas. ¡Jack me ha hablado tanto de ti! ¡VOS! Bueno, en realidad no tanto, solo cuando os conoció y lo que nos ha dado tiempo a hablar de camino aquí ¡Y es verdad eso de que eres guapísima!
 
  Toothiana hablaba muy deprisa y apenas si pausas. Podría decirse que hablaba del mismo modo que volaba. Elsa se volvió hacia Jack, sonrojado por el comentario de Hada sobre la belleza de la reina, lo cual le hizo gracia y como se costumbre cubrió su boca con la mano para soltar una pequeña carcajada, provocando otra algo más tímida por parte del muchacho.
- Emm... Elsa, esta es Toothiana, más conocida como "El Hada de los dientes". Es un guardián como yo.
- Encantada - Elsa acompañó sus palabras con una elegante reverencia -. Yo soy Elsa de Arendelle. Y por favor, no es necesario que me tratéis con tal formalidad.
- Puff ¡bien! Porque es realmente agotador.
  Toothiana terminó su frase con una carcajada nerviosa temiendo ser demasiado directa, aunque Elsa no le dio importancia, después de lo de la boca tendría que esforzarse mucho por sorprenderla.

  Jack sacó del bolsillo de su sudadera lo que aparentemente parecía una bola tela blanca enrollada.
- Hemos tardado mucho en ponernos de acuerdo - explicó Toothiana -.  Jack quería vestirte con un crop top y leggins, pero yo ya le dije que eso no era digno de una reina, que necesitabas algo más sofisticado y a él todo eso le parecía muy aburrido.
- Bueno, en mi defensa diré que he visto abuelas con ropa menos aburrida.
  Hizo una mueca a Hada echándole la lengua y desenroscó el ovillo blanco que tenia entre las manos, mostrando un elegante y sencillo vestido blanco de asas con escote en pico y puntilla.
  Elsa lo miró con desconfianza, había muy poca tela en aquello que ellos denominaban "vestido". Parecía uno de los camisones de verano que usaba para dormir de niña, pero más ligero incluso. Lo observo durante un rato:  fue consciente de que no le cubriría más abajo de las rodillas y dejaría más de la mitad de su espalda al aire.
- No lo entiendo... - dijo Elsa - ¿Cómo me pongo esto? Se me verá el corsé y las enaguas. ¿O esto son las enaguas y falta el resto del traje?
  Jack y Toothiana se miraron. Al principio serios y extrañados, pero enseguida explotaron a carcajadas.
- No Elsa, esto es el vestido - dijo el muchacho con una sonrisa mientras depositaba la prensa entre las manos de Elsa, la cual volvió a inspeccionar el vestido como si fuera el objeto más extraño que jamás tuviera en su poder -. Hada te ayudará con él, yo os espero fuera.
  Antes de que Elsa pudiera hacerle más preguntas Jack abandonó la cueva como un veloz soplo de aire, dejándola a solas con ese extraño ser llamado Toothiana, que parecía un ave, pero según Jack era un hada.  

  El joven guardián descansaba sentado sobre la rama de un árbol, reposando la espalda en el tronco.  Observaba el lago próximo a la cueva que era su guarida: El agua era densa y se mecía al ritmo de la suave brisa veraniega. Fue en ese lago dónde empezó su nueva "vida", después de haber salvado a su hermana y despertar gracias a la Luna como Jack Escarcha.
  Miró hacia el cielo por auto reflejo, buscando la Luna, pero en su lugar encontró un sol que brillaba con fuerza en un fondo anaranjado dispuesto a ocultarse.
 - ¡Jack, ya está lista! - dijo la voz de Hada.
  El muchacho bajó rápidamente del árbol como si su vida dependiera de ello y corrió hacia la entrada de la cueva.
  Allí esta Elsa: tímida, sonrojada, con los brazos juntos y apretando el vestido con sus manos, indecisa entre bajarlo para cubrirse las piernas o subirlo para taparse el pecho.
  El atuendo parecía hecho a su medida: cubría su busto a la perfección, moldeándolo en una bonita forma ovalada, marcaba su cintura, y la tela de la falda caía perfectamente sobre sus caderas como una cascada blanca de algodón fino que dejaba adivinar las formas de su cuerpo, y sobretodo dejaba ver sus largas piernas blancas sobre unos bonitos zapatos de hielo.

  Jack la observó sin saber que decir. Estaba patidifuso, anonadado, tenía frente a él el ser más bonito y perfecto  jamás visto por sus ojos: Esla estaba sencillamente preciosa.
- Vaya... te queda... bien - consiguió decir finalmente intentando no ruborizarse... demasiado.
- Gra-gracias - contestó Elsa agachando la cabeza y subiendo los hombros como si intentara ocultarla.
  Hubo un silencio incomodo que ni siquiera Hada se atrevió a romper hasta pasado un rato, pues la escena le resultaba cómica (aunque no se rió, claro): Jack, el chico rebelde y ocurrente se quedaba sin palabras delante de una extranjera con vestido. <<Parece que fue ayer cuando le vi los dientes por primera vez>> pensó Toothiana mientras suspiraba.
- Bueno - dijo el hada finalmente - yo me voy a ir, hay muchos dientes que recoger y a demás tengo que vigilar a un gordo barbudo y a un conejo mal encarado ¿no Jack?
- ¡Eh! ¡Ah, sí! El conejo y el gordo, si. Eh... yo, esto...
- Tranquilo, guarda el aliento y ahorra la saliva.
- Eh... si, vale.
- Os dejo. Elsa, cuida de Jack, que no se meta en líos eh.
- Ah... vale.

  Toothiana se fue volando a gran velocidad bamboleando las ramas de los árboles y soltando las hojas  que eran mecidas por el viento.
  Quedaron los dos solos frente al lago, con la única compañía de la arboleda que los rodeaba y los animales e insectos que vivían en él. Ninguno dijo nada, ninguno se movió. Jack miraba a Elsa, Elsa miraba a Jack y desviaba su mirada cada vez que estas se cruzaban.
  El joven se acercó y le tendió la mano tras una suave reverencia.
- ¿Le gustaría ver mi mundo majestad? - Elsa tomó la mano tímidamente y sonrió.

- Con mucho gusto.

lunes, 27 de julio de 2015

Fecha para el capítulo 14 + ¡Novedades! y otras cosas

  ¡Hola a todos/as!
  ¡Por fin noticias del capítulo 14! ¡Milagro del Señor! *aplausos*

  Algunos os preguntareis (algunos) "¿Por qué tarda tanto en subir capítulos?" Bien, he aquí mi respuesta: El curso no ha ido todo los bien que planee por lo que estoy estudiando para los exámenes de septiembre ¡Porque para los héroes no hay descanso! Ese es uno de los motivos, como paso las mañanas en la academia y las tardes estudiando y haciendo ejercicios, o con suerte quedando con mis amigos (porque tengo, aunque no lo parezca) poco tiempo me queda para escribir.
  Segundo: Tengo algo mal en las manos, no se que es. Según mi masajista es de las vertebras, pero bueno, yo os explico, es tan simple como que cuando realizo una tarea repetitiva (como escribir, coser, jugar a la consola...) la mano se me duerme. Si, así de simple, se me queda la mano dormida y de cosquilleo puede pasar a dolor, por lo que es necesario que haga pausas cuando esto ocurre. ¡Pero tranquilos, esto sigue a delante, es una cuestión de orgullo! 

  La segunda cosa que os quiero comentar antes de decir la fecha del capítulo es que A new frozen kingdom ya está disponible en Wattpad. Varios me habéis comentado cosas sobre esta plataforma y hace unos días la probé por curiosidad y me pareció una opción interesante, especialmente para aquellos que leen la historia desde el móvil. Iré subiendo aquí los capítulos y de paso corregiré los antiguos. Para ver la página hacer clic aquí.


Capítulo 14: De nuevo en casa

¡ESTA NOCHE!
A la hora mágica
00:00

  En el capítulo anterior Elsa es atacada por unos hombres al servicio del Duque. Jack acude a rescatarla y ante el temor de que Elsa pudiera resultar herida decide ponerse el anillo para regresar a su mundo con ella. Ahora Jack está en casa, pero la reina de Arendelle se encuentra en un mundo completamente desconocido con extrañas criaturas aficionadas a los dientes.


  Espero que no haya ningún error de programación, si no tendré que subirlo mañana por la tarde, así que por si hay algún problema ya pido disculpas de antemano: Lo siento.

viernes, 19 de junio de 2015

Capítulo 13: Complot

Cuatro guardias de Arendelle se habían refugiado en una cueva cercana. Habían emprendido la expedición con tres compañeros más, pero al encontrar el camino bloqueado por una extraña tormenta se habían separado para encontrar otra ruta o alguna otra pista sobre la reina. Su misión era encontrarla e informar al príncipe Hans, llevarla hasta Arendelle o rogarle que detuviera el invierno. Estaban algo inquietos, pues se les empezaban a agotar las provisiones. Tampoco sabían muy bien que harían cuando se encontraran con la reina; Hans les había dado órdenes claras y concisas, entre ellas estaba no dañar a la reina, pero ¿y si les atacaba? ¿y si sus vidas llegaran a correr peligro? o simplemente ¿qué podrían decirle a la reina una vez la encontraran? ¿y si se negaba? ¿que podían hacer ellos?
- Necesitamos más provisiones. - El guardia tenía expresión seria, pelo castaño y largas patillas -.
- No hace ni dos semanas que fuimos a Arendelle a por más. - Contestó el más delgado.
- ¿Estás seguro? Yo tengo la sensación de que llevamos aquí años. O a lo mejor es que vosotros dos no lo notáis porque os habéis hinchado la panza en Arendelle. - El hombre, alto, fornido y con un gran bigote, acusó mal humorado al guardia delgaducho y al guardia rubio que estaba intentando encender un fuego. Este ante la acusación se puso en pie.
- No os atreváis a juzgarnos cuando fuisteis vosotros dos los que insististeis en quedaros aquí haciendo guardia. Si tanta hambre y frio tenéis conocéis el camino a Arendelle. Bastante tenemos ya todos como para oís vuestras quejas. - Dicho esto tiró la rama que tenía en la mano y salió de la cueva.
- Menudo imbécil. - Comentó el de patillas.
- No es el mejor momento para discutir entre nosotros - dijo el más delgado -, debemos permanecer unidos... y cuerdos.
- Ni siquiera tiene sentido que sigamos vigilando esta zona ¿Crees que la tormenta se va a disipar por arte de magia?
- No soy un experto de la magia ni del clima, pero a mí esa tormenta localizada me parece bastante mágica.
- Pamplinas - bufó el guardia de grandes bigotes -, supersticiones campesinas. Tendríamos que estar fuera buscando a la reina y no aquí esperando un milagro.
 Hubo un breve e incómodo silencio.
- ¿Sois nuevos en la guardia verdad? No recuerdo haberos visto - preguntó el delgado -.
- ¡Oh, por el amor del cielo! -exclamó el de patillas - ¿Es que no te callas nunca?
 El guarda rubio entró veloz y jadeante en la cueva.
- ¡La tormenta se ha disipado!

 Los soldados se dirigieron rápidamente a la zona donde estaba la tormenta. Y no fue poca su sorpresa al ver los inmensos muros y los picos del tejado del palacio.
- Es increíble -dijo el más delgado-.
- Es brujería - contestó su compañero rubio-. Un grupo debe informar al príncipe Hans, otro debe ir a hablar con la reina.
- Yo hablaré con ella - se ofreció decidido su menudo compañero -.
- No, tu eres el más rápido de nosotros, deberías ir a Arendelle a informar al príncipe.
- Yo también soy rápido, iré con él - dijo el de patillas -.
- Bien. Nosotros hablaremos con la reina y esperaremos los refuerzos... si son necesarios.
 Cuando la pareja de guardias ya se hubo alejado el guardia rubio y el de bigote se ocultaron tras unas rocas, cerca de la  gran puerta del muro de hielo.
- ¿Crees que necesitaremos refuerzos? - Preguntó el guardia de bigote.
- No lo se... está claro que la reina es peligrosa pero...
- ¿Pero?
- A lo mejor no quiere hacernos daño. La princesa Anna está convencida de que no le haría daño a nadie.
- La princesa Anna es idiota ¡Que me explique cómo una persona inofensiva que no quiere hacer daño a nadie congela su propio reino y se da a la fuga!
- Estoy de acuerdo contigo... por una vez - hizo una breve pausa mientras contemplaba el muro -. ¿Qué haremos si no atiende a razones? ¿Qué hacemos si nos ataca?
- No sé qué harás tú rubito, pero yo quiero vivir.
- Estás insinuando que...
- Si.
- ¿Y las ordenes?
- Yo tengo otras órdenes - antes de que el guardia rubio pudiera reaccionar, el acero ya había atravesado su estómago. Cayó al suelo vomitando sangre y tiñendo la nieve de rojo carmesí. El hombre fornido oyó unos pasos en la nieve tras de sí. Sin preocupación aparente retiró el puñal del cuerpo sin vida de su compañero y lo limpió en la capa verde del cadáver esbozando una sonrisa de satisfacción - No has tardado mucho.
- Era un idiota flacucho - contestó el hombre de patillas -. Tu también has sido rápido.
- No hay tiempo que perder - se puso en pié y desenfundó su espada -. Acabemos con este invierno.

 Algunos aldeanos de Arendelle estaban realmente aterrorizados por la situación antinatural a la que la reino los había sometido, otros pensaban que la reina era una bruja y en general nadie estaba contento con la situación ni con la soberana. Muchos hablaban de rebelión, de darle caza a la reina como si de un animal se tratara, otros optaban por quemarla en la hoguera; pero en vista de que la princesa Anna y el príncipe Hans, al que actualmente le debían la vida y lealtad, estaban tan obcecados en traerlos de vuelta era preferible tratar esos asuntos en privado.
 Así pues, el Duque de Weselton había iniciado una pequeña conspiración en las sombras hacia la actual soberana. Al igual que él, otros muchos consideraban a la reina peligrosa y demasiado diferente.
- ¿Cómo esperáis que regrese y os proteja después de esto? - había dicho en una de sus reuniones.
 Así pues, muchos hombres, mujeres e incluso guardias reales y criados se unieron a su causa y le apoyaban en su plan de asesinar a la reina.
 Fue sencillo. Al tener como aliados a miembros de la guardia robar uniformes, eliminar a unos pocos y suplantarlos por otros no era algo complicado; a demás el príncipe tenía tantas cosas en la cabeza, tanto a lo que atender que la mayor parte del tiempo no sabía ni en que centrar su atención, así que un par de contactos bien situados que le aseguraran que todo iba bien era más que suficiente.

 El guardia de largas patillas había asesinado a uno de los miembros de la guardia que los acompañaba y volvió con su compañero. Ambos eran hombres de confianza del Duque, y a ambos les prometió fortuna si se encargaban de poner fin a ese invierno antinatural y al ser que lo había desatado.

***
 Jack aplaudía en el patio del castillo.
- ¡Bravo, bravo mi reina! ¡Sabía que podías hacerlo!
- ¡Basta ya Jack, por favor, me estas abochornando!
- ¿Bromeas? Esto es un gran paso Elsa, uno enorme. Pienso aplaudirte hasta que me ardan las manos o hasta que me hagas parar.
- En ese caso te ordeno que pares - Elsa lo dijo muy seria, pero Jack se echó a reír -.
- No tienes poder aquí Reina de las Nieves. Al menos no sobre mí.
- ¿Qué no tengo poder sobre ti? - Preguntó Elsa desafiante clavándole la mirada y acercándose decidida a su "rival". Jack tragó saliva y por un momento se arrepintió de sus palabras ¿Que pretendida hacer Elsa?
 Realmente no era del todo cierto lo que Jack había dicho. En efecto, Elsa no tenía forma de dañarlo, al menos físicamente; pero Jack era muy consciente de que la reina despertaba en él sensaciones desconocidas y eso, aunque ella no lo supiera, le daba un gran poder sobre él.
 Elsa miraba a Jack a los ojos, seria y de cerca... peligrosamente cerca. Jack quedó paralizado ante el gesto inesperado de la reina, se le cortó la respiración por unos segundos y no sabía muy bien qué hacer. Los ojos del muchacho no sabían si mirar los ojos intimidantes de Elsa o sus labios gruesos. Su cuerpo no sabía si alejarse o aferrarse a ella. Sus labios no sabía si soltar alguna respuesta ingeniosa o... besarla.
 Elsa esbozó una sonrisa triunfal en su rostro.
- Lo ves, ya has dejado de aplaudir.
- Eh... si, lo has conseguido... muy bien - el muchacho pasó una mano por el pelo y agachó la cabeza.
- ¿Jack te encuentras bien? Hoy estas un poco raro.
- Si, si, solo estoy un poco cansado, nada más - guardó silencio unos minutos mientras pensaba cómo zafarse de esa situación. Hace unas semanas había estado a punto de besarla <<¿En qué estaría pensando? Oh, sí: en nada, como de costumbre>>. Jack siempre había controlado la situación, y era Elsa la que se mostraba nerviosa e insegura, pero esa repentina muestra de confianza y osadía por parte de la reina lo había descolocado por completo. - ¡Papel y tinta!
- ¿Qué? - preguntó Elsa confusa.
- Papel y tinta. La carta para tu hermana. En seguida te lo traigo todo.
- ¡Jack espera!
 Pero Jack ya había sobrepasado el muro antes de que Elsa pudiera terminar de hablar. Se apartó un mechón de pelo de la cara y suspiró. <<Jack, estás muy extraño ¿qué te ocurre? ¿por qué no me cuentas nada? ... Quisiera saber más de ti>>.
 En efecto Elsa quería saber más cosas de él, pero tenía miedo por mucho que tratara de disimularlo, la única experiencia que tuvo con pelo que cambiaba de color no fue algo bueno. Pero eso no era lo que más le preocupaba, si no esos extraños sentimientos que se adueñaban de ella cada vez que Jack estaba cerca, y aún así, por muchas dudas y temores que eso le causara, en el fondo de su ser sabía que no quería separarse de él. ¿Era el deseo de estar a su lado lo que la asustaba? ¿o era el querer estar al lado de un misterio como él? Jack le había contado muchas cosas, pero era consciente de que seguía sin saber nada, y sobre todo tenía ese miedo a que la abandonara de repente... de que desapareciera y no volviera.
 Subió las escaleras para entrar en palacio y se dirigió a su alcoba. Apoyó los codos sobre la cómoda, observando ensimismada la flor que le había regalado Jack. De algún modo verla le levantaba el ánimo, y pensaba que en caso de que Jack se fuera, guardaría esa flor como un tesoro para recordarlo a él y todo lo que le había enseñado... ¿pero cómo iba a olvidarse de él ahora si lo tuvo presente en cada día de su vida desde que lo vio al otro lado de la ventana? No necesitaba una flor para recordarle, pero con el paso de los años, cada vez que tuviera dudas, podría verla y saber que todo fue real.
- Es real. Jack es real - se dijo mientras acariciaba la flor. - ... tal vez, debería explicarle como me siento... pero será mejor que primero arregle el desastre que he creado.  
 >> Intentó besarme ese día mientras bailábamos y yo me asusté... pero... creo que... algo dentro de mi también quería... - dejó de acariciar la flor y se irguió -¡No Elsa, basta! No es momento de perder el tiempo con esas cosas.
 Se dirigió al balcón y una vez fuera respiró profundamente. Miró el horizonte esperando ver a Jack, ya que era increíblemente rápido, pero por muy rápido que fuera había pasado muy poco tiempo. Elsa era consciente, pero ahora que se había acostumbrado a su presencia le aterraba la idea de que la dejara sola.
 Entonces algo la sobresaltó. Las recientes puertas del muro. Alguien las estaba empujando. Se asustó, pero no dejó que el miedo la dominara. Dispuesta a bajar al patio para recibir a sus visitantes se dio la vuelta cuando escuchó las puertas crujir y no pudo evitar volverse.
- ¡Guardias de Arendelle!
- ¡Allí arriba! - exclamó el hombre de patillas.
 Ambos empuñaban espadas y su actitud no parecía muy pacífica. Pero Elsa sabía que debía mantener la calma y evitar preocupaciones. <<Puedes manejarlo Elsa, puedes manejarlo>>, algo así le habría dicho Jack.
 Salió de su habitación y mientras bajaba las escaleras se metió en ese papel de reina para el que llevaba preparándose tantos años.
 Cuando llegó abajo los guardias estaban intentando abrir la puerta, o echarla abajo. Entonces, cuando Elsa ya se había sentado en su trono, abrió la puerta con un simple gesto de su mano.
 Uno de los guardias cayó al suelo tras embestir contra la puerta que se había abierto mágicamente ante sus ojos. Ambos vieron a la reina, poderosa e imponente, sentada sobre una enorme garra de hielo que la alzaba de forma triunfal. El guardia se levantó rápidamente.
- ¿Qué queréis?
 Por un momento los guardias parecieron olvidar para qué estaban ahí. Uno de ellos, el de patillas, titubeó un momento, pero fue el único que se atrevió a hablar.
- El príncipe Hans nos envía para rogaros que descongeléis Arendelle.
- ¿El príncipe Hans? ¿Desde cuándo manda él en Arendelle?
- Vu- vuestra hermana lo dejó al mando mi reina.
- ¿"Mi reina"? Creí que servíais al príncipe Hans - los hombres no supieron que decir -. Descongelaré Arendelle en cuanto me sea posible. <<Espero que con eso les baste>>.
- Pero la gente está sufriendo, lleva meses sufriendo ¿qué os impide hacerlo ahora?
 Esta vez fue Elsa la que no supo que contestar. Una muesca de temor se reflejó en su rostro y los guardias lo notaron.
- No puede hacerlo - dijo finalmente el hombre de bigote - o no quiere hacerlo.
- ¡Os equivocáis! Quiero, y puedo.
- ¿Entonces a que esperáis?
- ¡¡Basta, fuera de aquí!! - con un movimiento de su brazo Elsa liberó un fuerte viento que abrió las puertas del palacio y expulsó a los guardias, dejando un rastro de escarcha tras de sí -. <<¡Oh, no! No he debido hacer eso>> - se puso en pie sin poder disimular su miedo.
 Los guardias volvieron a entrar de inmediato. Esta vez más decididos que nunca a acabar con la vida de la reina.
- ¡Por favor marchaos, alejaos de aquí!
 Pero los hombres no escucharon, y sin pensárselo dos veces una de ellos apuntó con su ballesta y disparó. 
 Elsa logró parar el virote con un muro de hielo que creó de forma inconsciente. Pero el otro guardia se acercó a ella por la retaguardia dispuesto a atravesarla con la espada. Sin tiempo para pensárselo dos veces, Elsa disparó una fuerte ráfaga de hielo que lo apartó bruscamente de ella haciéndolo caer. Entonces con su otra mano disparó otra ráfaga desarmando al guardia que llevaba la ballesta.
- ¡Marchaos por favor, no quiero haceros daño!
- Ya es tarde para eso - el hombre se puso en pié y cogió de nuevo su espada dispuesto a abalanzarse bruscamente sobre la reina. La cual, una vez más logró defenderse creando un muro, o en este caso una jaula para retener al guardia.
- ¡Marchaos! - rogó una vez más la reina. El miedo estaba apoderándose de ella, dentro de poco no sería capaz de controlar su poder y podría ocurrir una desgracia.
 El otro guardia recuperó su ballesta y volvió a disparar, pero Elsa desvió la flecha con una ráfaga de viento. Oyó el acero contra el hielo, el otro guardia estaba tratando de romper su prisión, y lo que es peor: lo estaba logrando.
 Viento y nieve comenzó a girar alrededor de la reina, nublando su visión y su conciencia. Entonces algo le golpeó suavemente el rostro. <<¡El anillo de Jack!>>.
 No tenía nada que perder. Lo arrancó de la cadena y se lo puso.
 <<Jack por favor, ayúdame>>, rogó. Y justo cuando el guardia con espada logró liberarse y se disponía a atravesarla, algo invisible golpeó su cabeza con tanta fuerza que cayó al suelo aturdido.  Jack sujetó a Elsa y la elevó en el aire.
- ¿¡También vuela!? - exclamó el guardia que seguía en pie - Levántate zoquete, no dejes que se escape.
 El guardia disparó otro virote que Jack logó esquivar por los pelos. Por lo general era muy ágil, pero la larga estancia en Arendelle lo había debilitado y llevar a Elsa en brazos lo ralentizaba considerablemente.
 El guardia recargó mientras se dirigía a la puerta, y el otro guardia ya se había posicionado en las escaleras cortándoles el paso y con otra ballesta cargada dispuesta a disparar.
- Jack... ¿qué hacemos? - preguntó Elsa asustada -.
 Pero Jack no sabía que responder. Solo observaba la situación asustado y sin tiempo para pensar. Sujetó a Elsa fuertemente con un brazo y esta se sujetó a su cuello. Metió la mano que le quedaba libre en el bolsillo de su sudadera y sus dedos rozaron lo que buscaba.
 El guardia apuntó.
- ¿Jack?
- Nos vamos.

 El guardia disparó, pero antes de que el virote los alcanzase la reina desapareció ante sus ojos, y con ella Jack.

martes, 16 de junio de 2015

La reina ha regresado + fecha para el capítulo 13

 ¡Hola a todos/as!
 Cuatro meses han pasado ya (más o menos) desde que subí el capítulo 12 de este fanfic y, como bien avisé, necesitaba un parón en la historia; no por falta de ganas, si no por falta de tiempo. A partir del viernes tendré, oficialmente, la libertad condicional, es decir, que seguiré estudiando pero como no tendré clase tendré más tiempo libre para todos mis proyectos, y entre ellos está, por supuesto, esta historia. Así que como ya he mencionado a partir del viernes comenzaré a escribir los nuevos capítulos y publicaré el trece.

Capítulo 13: Complot

Viernes 19 de Junio
Capítulo 13 de A New Frozen Kingdom
"Complot"

 Elsa decide escribirle una carta a su hermana invitándola a su palacio, pero antes debe disipar la tormenta que protege sus helados dominios. Mientras Jack y la reina continúan estrechando su relación, en Arendell las cosas comienzan a estar un poco turbias, pues no son pocas las gentes que consideran a Elsa una amenaza y se oponen a los deseos de la princesa Anna y el príncipe Hans.