domingo, 15 de febrero de 2015

Capítulo 12: Tu centro

 Elsa paseaba tranquilamente por el patio del palacio. Ese día llevaba el pelo suelto y el viento que protegía sus dominios agitaba levemente sus claros y ondulados cabellos. Parecía estar buscando algo... o a alguien, pero ya había recorrido varias veces los alrededores sin encontrar nada. Ya cansada de dar vueltas por los mismos sitios, se dirigió al mirador y una vez en él, se inclinó levemente apoyando sus brazos en la balaustrada. Contempló primero el horizonte grisáceo y blanquecino que las nubes y la nieve formaban, luego dirigió su mirada a Arendelle. La reina suspiró, olvidó por un momento lo que había ido a hacer al patio y se concentró en pensar cómo podría deshacer ese desastre; pero esta vez no sentía un temor tan profundo como otras veces, en cierto modo se sentía tranquila y mucho más segura de sus capacidades, ya sabía que podía controlar su poder pero... <<¿Cómo deshacerlo?>> Incluso Jack le había confesado que él nunca lo había hecho ¿Cuán iguales serian?
 Una sombra se deslizó sobre ella, pero estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no se percató hasta que la cabeza de Jack cubrió el sol que bañaba su rostro. Cuando la reina abrió los ojos  se topó con los de Jack. El muchacho estaba a unos centímetros de ella, flotando boca abajo  con expresión serena y sonriente.  Elsa retrocedió unos pasos.
- ¿Qué pasa? - Preguntó el muchacho mientras se enderezaba  hasta quedar de cuclillas en la balaustrada.
- Nada, solo estaba pensando.
- Pensar, pensar... de ahí vienen muchos problemas - el muchacho se sentó en la balaustrada y se inclinó hacia delante apoyando el peso en su bastón -. Apuesto que no estabas pensando donde podría estar escondido.
- No - rió Elsa -. En realidad pensaba cómo estarían las cosas en Arendelle - se dio la vuelta y comenzó a andar cruzando los brazos sobre su pecho y sujetándolos fuertemente, como intentando protegerse de algo. Tras una leve pausa añadió -. Soy culpable de todo lo que está pasando ahí abajo, se lo estoy haciendo pasar mal a mucha gente, pero aun no sé cómo solucionarlo...

 El silencio reinó durante unos segundos. Elsa vio hacia Jack con expresión apenada, cuando decidió dar la vuelta y seguir andando escuchó la voz del muchacho.
- Un gran hombre me dijo una vez... y digo grande en muchos aspectos,  que  todo lo que nos proponemos es posible, si tenemos fe , confianza y encontramos nuestro centro. - Elsa se giró hacia Jack y le miró a los ojos -.
- ¿Nuestro centro?
- Si, algo que tenemos dentro de nosotros. Nos ayuda a ser quiénes somos y a superar las dificultades, nos da confianza y nos hace fuertes. El mío es la diversión - Explicó el muchacho, que se había puesto en pie para acercarse a la reina -. El tuyo tal vez sea la libertad, la confianza... - hizo una breve parada y la miró a los ojos -. El amor...

 Amor. Hacía tanto tiempo que Elsa no escuchaba esa palabra, y mucho menos pensar en ella, o sentirla. Bien era cierto que estos últimos días que compartió con Jack comenzó a sentir una extraña sensación en su interior, aunque no sabía decir que era exactamente. Se sentía protegida, cálida, a veces parecía que el aire no le llegaba bien a los pulmones y le costaba respirar, otras veces incluso se sentía débil cuando Jack estaba cerca, pero por encima de todo, se sentía feliz. ¿Era eso amor? ¿Era eso debido a Jack? Elsa quería a su hermana, pero no sintió nada parecido cuando volvió a verla en su coronación, a parte de una enorme alegría por saber que estaba bien.

- ¡¡ELSA!! - Exclamó Jack sorpresivo al ver como el corpiño y la capa de la reina comenzaban a derretirse.
 Elsa despertó se su trance y pudo notar como el hielo comenzaba a derretirse y se deslizaba por su pecho y espalda hasta llegar a las caderas. Con un grito entrecortado ante la vergonzosa situación, la reina dio la espalda rápidamente a Jack cubriéndose con las manos. Estaba tan nerviosa y avergonzada que no sabía cómo reaccionar. Rápidamente, y antes de que Elsa se alegara más, Jack se quitó la sudadera y se la puso a la reina. Le cubría el cuerpo hasta los muslos. Elsa permaneció quieta unos segundos hasta que, de forma dudosa, comenzó a acomodarse la prenda y sacó las manos por la bocamanga.
- Gracias - dijo finalmente la reina tras un largo silencio. Estaba nerviosa ante la idea de tener cerca a un hombre ligero de ropa -.
- De nada - contestó mientras acariciaba las hebras de plata de su pelo, hasta que, finalmente, lo liberó por completo del cuello de la sudadera y lo dejó caer por su espalda -, alteza.
 El corazón de Elsa latía con fuerza y aceleradamente. Notaba sus mejillas sonrojadas y que le faltaba el aire.
- ¿Te encuentras bien?  - preguntó Jack -. Puedes estar tranquila, no he visto nada.
- Tengo... - comenzó a decir nerviosa y con ambas manos apoyadas en el pecho - tengo que ir a mi alcoba. Disculpa.
 Inmediatamente y sin mirara hacia Jack, se dirigió al palacio con paso ligero. Jack no pudo evitar sonreír, siempre que Elsa se ponía nerviosa le parecía adorable. Cuando se ponía nerviosa en lo relativo a timidez, no cuando se ponía nerviosa por miedo y su magia se descontrolaba.
 Un tanto fatigado, Jack, se tumbó sobre la balaustrada del mirador. Empezaba a sentirse cansado y sabía perfectamente por qué. Había pasado demasiado tiempo en Arendelle y había sobrevivido gracias a la fe que Elsa tenía en él, muy fuerte, pero no suficiente para mantenerlo al cien por cien de sus fuerzas durante mucho más tiempo. Estaba preocupado, no quería dejarla de nuevo, pero de lo contrario su estado podría empeorar, seguiría viviendo mientras una sola persona creyera en él ¿pero de qué manera? Recordó lo sucedido hace ochenta años, la batalla contra sombra: cómo Bunny perdió su forma y como Toothiana perdía sus plumas y sus fuerzas para bolar... aunque había un niño que si creía en ellos, y el primero que creyó en él. Jamie Bennett.
 Trató de apartar esos malos pensamientos. Miró hacia el cielo, cubierto de finas nubes pero con alguna que otra brecha, dejando ver un claro azul. Cerró los ojos y respiró profundamente estirando su cuerpo para desperezarse.

 Elsa estaba en su alcoba tratando de mantener la calma, era como si en cualquier momento fuera a perder el control de su cuerpo y, probablemente, de su poder. Aunque ya lo controlaba bastante bien, de vez en cuando aun le podía dar algún problema, pero nada realmente importante.
 Se sentó en su enorme y fría cama. Casi sin darse cuenta agarró el cuello de la sudadera azul y lo acercó a la nariz aspirando profundamente el aroma, dejando que invadiera su mente y relajándola profundamente. Pasó así un rato, hundiendo su rostro en la tela y tratando de memorizar cada esencia de esa suave y fresca fragancia. ¿A qué olía exactamente? No sabría explicarlo, simplemente, olía a Jack.
 De pronto abrió los ojos y volvió a la realidad. Su vestido se había derretido por completo y tenía las piernas mojadas. Estaba claro que todavía no controlaba su magia, pero el hecho de que su vestido se hubiera derretido, de dio esperanzas en su, aparentemente, imposible objetivo de descongelar Arendelle.
  Se puso en pie y se acercó a una elegante cómoda que tenía frente a su cama, en ella se encontraba la flor que Jack le había regalado tiempo atrás. Abrió uno de los cajones, y ahí, perfectamente doblado, estaba el vestido que había llevado el día de su coronación, con la corona, justo encima. Acarició la suave tela y miró fijamente el símbolo de su realeza, ese que tiempo atrás, cuando llegó a esa abandonada montaña, había tirado con tanto desdén. ¿Cómo podía volver al reino después de todo lo sucedido? Lo único que realmente deseaba era dejar atrás sus preocupaciones y seguir al lado de Jack, incluso ir a ver su mundo, pero era consciente de que no podía abandonarlo todo sin más, y menos a su hermana... tenía tanto que decirle... Por otra parte ¿cuánto tiempo permanecería Jack a su lado? Claro estaba que Jack era mucho más longevo que ella, tal vez inmortal y tal vez ni siquiera pertenecían a la misma especie, él era un guardián, o eso le había dicho, y aunque todavía no entendía muy bien que era, estaba muy claro que eran demasiado diferentes... de mundos diferentes.
 Cerró con un golpe seco el cajón de su cómoda y se quitó la sudadera quedando totalmente desnuda.  Era extraño, pero se sentía bien así, no sentía frío alguno, ni ningún tipo de peso, por leve que fuese, sobre su cuerpo. Se sentía etérea y libre.
 Una vez más, acercó la sudadera de Jack a su nariz y aspiró. Sabía que tarde o temprano no podría volver a sentir ese aroma y lo echaría de menos.  De pronto cambió su expresión, como si estuviera sufriendo una lucha interna, como si estuviera enfadada consigo misma y esos sentimientos que florecían en su interior, negó con la cabeza y lanzó la sudadera sobre su cama. Con increíble destreza, comenzó a congelar el aire de su alrededor creando un elegante y fino vestido sobre su cuerpo. Muy similar al que había llevado apenas unos minutos atrás. Pequeñísimas partículas comenzaron a juntarse al rededor de su cintura, dejando caer una larguísima falda en la que se formaban pliegues y dejaba arrastrar una larga y elegante cola. El brillante corpiño que cubría su busto fue decorado con un escote irregular en su borde, como si de un añadido de puntilla se tratase, solo que estaba formado con hielo puntiagudo y plano. La fina tela que cubría sus brazos y parte del escote también cambió, dejando el escote totalmente al descubierto pero cubriendo por completo su espalda y cuello con los mismos detalles que el corpiño. La capa, seguía cayendo desde el escote trasero del corpiño, pero esta vez añadió, una capilla más corta y más fina que nacía en ambos lados del corpiño bajo sus brazos y pasaba sobre estos. Añadió también unos pendientes con forma de gota, trasparentes y cristalinos; unos zapatos de cristal a juego con el conjunto y, finalmente, creó una fina cadena al rededor de su cuello, de la que colgó el anillo que Jack le había regalado.
 Con el anillo ya en su cuello, comenzó a juguetear con él entre sus dedos mientras sonreía de forma inconsciente. Una melodía comenzó a sonar en su cabeza evadiéndola de la realidad. Sin darse cuenta comenzó a mover sus pies al ritmo de la melodía que comenzaba a tararear y no tardó mucho en terminar bailando un vals consigo misma en la amplia y luminosa habitación.
 Mientras bailaba, su mente se llenó de escenas vividas el día que había bailado esa melodía por primera vez... con Jack. Recordó lo bien que lo habían pasado juntos y recordó también como Jack se había acercado a ella y estuvieran a punto de... <<¡Basta!>> Se dijo a sí misma la reina mientras negaba con la cabeza.
 Respiró hondo y se obligó a volver al mundo real, últimamente pasaba demasiado tiempo soñando despierta y no podía permitírselo, al fin y al cabo había asuntos mucho más importantes y urgentes de los que ocuparse.
 Se plantó frente al espejo y comenzó a arreglar su pelo echando su flequillo hacia atrás. Se hizo dos trenzas finas al lado izquierdo de cabeza, justo sobre la sien, para a continuación trenzar todo su pelo a un lado, dejando caer la trenza sobre su hombro derecho. Se miró un par de veces satisfecha con el resultado. Ese día se sentía increíblemente segura de sí misma y justo ahí, frente al espejo, tomó una importante decisión <<Debo hablar con mi hermana>>.
 Bajó las escaleras hasta llegar a la entrada principal, con un ligero movimiento de su brazo hizo abrir los pesados portones, pero cuando apenas se asomó a las escaleras algo llamó su atención. Era la voz de Jack. Escuchó durante unos instantes y al principio le pareció que estaba hablando solo, pero en realidad, estaba cantando. Nunca lo había oído cantar, si tararear alguna cosa, como el vals de las flores, pero jamás cantar. No tenía la voz más melodiosa del mundo, pero tampoco resultaba desagradable, al menos para ella.
 Tanto la melodía como la letras eran desconocidas para Elsa, pero Jack parecía completamente seguro de cada palabra que decía, como si él mismo hubiera escrito la letra sintiendo todo aquello que quería decir. Se acercó un poco más, tratando de no hacer ruido, para escuchar con más claridad. Finalmente se detuvo tras una columna, al lado de uno de los arbustos helados próximos al mirador, olvidando casi por completo su timidez ante el torso desnudo del muchacho.
 [ ]
¿Puede esto ser para siempre?

Adonde tu vayas , estés donde estés,
yo estaré aquí esperando por ti.
aunque esto me duela en el corazón,
yo estaré aquí esperando por ti.

Lo di por hecho todo este tempo, 
pensé que esto podría durar.
Oigo las risas, pruebo las lagrimas,
pero eso no me lleva hasta a ti.

¿No puedes verlo mi reina?
me estas volviendo loco.

Adonde tu vayas , estés donde estés,
yo estaré aquí esperando por ti.
aunque esto me duela en el corazón,
yo estaré aquí esperando por ti.

- ¿Te gusta? - preguntó Jack abriendo uno de sus ojos y dirigiendo la mirada hacia Elsa que, al verla, se vio obligado a erguirse y abrir ambos ojos para verla bien. Estaba realmente deslumbrante. Elsa, sonrojada, agachó un poco la cabeza y desvió la vista.
- Oh... yo... lo-lo siento.
- Estas preciosa - dijo acercándose a ella, mientras ella a su vez  se alejaba de él. Reparó en la cadena que llevaba al cuello y el detalle que descansaba sobre su pecho: el anillo que le había dado tiempo atrás. Jack sonrió.
- Gracias... - dijo nerviosa.
- ¿Qué te pasa? - preguntó extrañado ante el comportamiento de la reina.
-  Nada, es solo que... - giraba la cabeza todo lo que podía intentando apartar la mirada, pero no podía impedir verle intermitentemente. La piel desnuda de Jack  llamaba demasiado su atención y frotaba sus manos inquieta - estas desnudo - consiguió decir finalmente sonrojándose, si cabe, todavía más.
- Oh... entiendo - dijo comprensivo, aunque algo extrañado. No recordaba haber visto nunca a una chica tan nerviosa por ver a un chico con el torso al descubierto, pero claro, estaba en otro mundo, a lo mejor en Arendelle eso estaba mal visto - ¿Y dónde has dejado mi sudadera?
- ¿Tu qué? ¡Oh, tu vestimenta! La... la olvidé en mi alcoba.
 Antes de que Elsa pudiera terminar de girarse para ir a buscarla, Jack ya había volado hasta el balcón, así que dejó que fuera él a por ella. Tardó menos de un minuto en regresar, esta vez, totalmente vestido. Fue entonces cuando Elsa, después de mirarlo más fijamente y más calmada, se dio cuenta de que algo había cambiado en él.
- ¿Mejor así?
- Jack... - dijo Elsa con voz temblorosa y acercando las manos al cabello del muchacho ignorando su pregunta - tu pelo... ¡se está volviendo marrón!
- ¿¡Qué!?
 Elsa creó en su mano un pequeño espejo para que Jack viera su reflejo. Al hacerlo, el muchacho quedó en blanco unos segundos, totalmente pálido, mientras se acariciaba los mechones castaños.
- Vaya... qué cosas - fue lo único que logró decir.
- ¿Es normal en los guardianes?
- Eh... puede, si... en algunos... bueno, todo el mundo cambia, hay-hay épocas de cambio para todo el mundo - improvisó intranquilo. Elsa lo miró dubitativa y con desconfianza.
- Estas ocultándome algo...
- ¡Que va, no digas chorradas! Es solo que no esperaba este cambio tan pronto - respondió dedicándole una sonrisa. Después de todo, era cierto que no se esperaba que ese mal cambio llegara tan temprano -. Todo va bien, de veras - terminó tomándola suavemente de las manos. Elsa dudó durante unos segundos, pero finalmente asintió, después de todo no tenía motivos para desconfiar de Jack, lo único que había hecho fue ayudarla, podía permitirle guardarse sus secretos.
 Jack y Elsa mantuvieron su mirada el uno en el otro durante unos segundos.
- Solo te falta una cosa para estar perfecta - comentó Jack intentando así que Elsa se olvidara del tema de su pelo.
- ¿Qué?
 Jack puso su mano sobre la cabeza de la reina, dando forma sobre ella una hermosa corona fina y cristalina que parecía tener nieve en su interior.
- Ya está. La reina de las nieves perfecta - dijo el muchacho dedicándole la más sincera y cálida de las sonrisas.
 Elsa, curiosa por ver la creación, tomó la corona entre sus manos para poder observarla. Quedó sencillamente maravillada, no habría corona que pudiera llevar con mayor orgullo.
- Gracias Jack, es preciosa - no puedo evitar sonreír. Se colocó de nuevo la corona y guardó silencio unos segundos, mientras miraba al joven, pensando cómo pedirle un importante favor -. Jack, necesito que hagas algo por mi... otra vez.
- Pide por esa boquita.
 Elsa hizo una extraña mueca de perplejidad, algunas de las expresiones que usaba Jack simplemente la desconcertaban.
- Necesito que vallas al castillo y me traigas papel, pluma y tinta. Quiero escribirle una carta a mi hermana invitándola a venir. Después necesitaré que le entregues la carta.
 Con una inmensa sonrisa, Jack abrazó repentina y fuertemente a Elsa.
- ¡Oh Elsa eso es maravilloso, estoy tan orgulloso de ti! - decía al tiempo que le frotaba la cabeza a la reina revolviéndole un poco el pelo. Elsa intentó corresponder al abrazo, pero cuando se dispuso a ello Jack se apartó ignorando su gesto.
- Pero antes - continuó algo sonrojada - querría que disipases la tormenta que protege el castillo. Yo me encargaré de ponerle una puerta al muro.
- No - rió divertido - tu vas a encargarte de ambas cosas.
- ¿!Qué¡?
 Más rápido que el pensamiento, Jack sujetó a Elsa por la cintura y la elevó en el aire. Esta, asustada, se aferró al cuello del muchacho desesperadamente. Jack seguía subiendo ignorando por completo las ordenes de la reina para que la dejara en tierra.
- ¿Por qué tanto miedo? ¿No creerás que voy a dejarte caer verdad? Que desconfiada sois mi reina, me siento dolido - terminó en tono de burla - ¿Por qué no te relajas y miras lo que hay más allá?
 Elsa, como de costumbre obediente con su "maestro", miró el horizonte helado y blanco, hermoso pero mortal. Al juzgar por la posición del sol, no quedaban muchas horas más de luz. Faltaba poco para el atardecer.
 Respiró hondo y con decisión, sintiendo el apoyo y la seguridad que Jack le brindaba. Entonces, con determinación, se dispuso a despejar la tormenta.

viernes, 13 de febrero de 2015

Fecha para el capítulo 12 + Aviso de parón

Capítulo 12: Tu centro 
Sabado 14 de febrero
Capítulo 12 de A New Frozen Kingdom
"Tu centro"

  Si, lo sé: no tiene sentido que avise el día anterior, pero si no publico el capítulo mañana no sé cuando voy a hacerlo, y me sabe mal dejaros sin capítulo este mes y sin avisar de nada -.-'. Se me está acumulando muchísimo trabajo en este blog y en el personal: En este por falta de tiempo para escribir los capítulos y en el personal para hacer entradas decentes (reseñas, tutoriales bla, bla, bla). Así que sintiéndolo mucho me veo forzada a pausar la historia una temporada hasta que tenga tiempo para escribir nuevos capítulos (que el último que escribí ni siquiera me termina de convencer); pero en verdad os digo que no tengo tiempo para nada. Si queréis saber más podéis leer aquí
  Gracias por vuestra comprensión. Espero volver pronto. 

martes, 6 de enero de 2015

Capítulo 11: Cambios

 Habían pasado casi dos meses desde que Jack llegó a Arendelle. Elsa había mejorado mucho, no solo usando sus poderes, si no que en las últimas semanas Jack pudo notar como la reina estaba mucho más segura de sí misma, más sonriente y más sociable. Habían pasado largas noches en vela conversando: sobre ella, sobre él, sobre Anna, sobre los padres de Elsa, sobre el mundo de Jack y los demás guardianes...
- Mi madre solía contarme que la noche en que nací, calló sobre Arendelle la mayor nevada jamás recordada hasta entonces. - Le había contado Elsa en una ocasión -. Pero esa noche también fue de las más hermosas, porque la luna llena parecía más grande que nunca e iluminaba todo el panorama. Mi hermana, por el contrario, nació en plena primavera, un día bastante caluroso según ella.
- Los humanos tienen la estúpida manía de decir que nací de un copo de nieve - explicaba Jack.
- ¿De un copo de nieve?
- No es cierto, claro.
-  ¿Entonces cómo naciste, como una persona normal pero con poderes? ¿Cómo yo?
 Jack quería contarle la verdad, de cómo murió salvando a su hermana pequeña y la Luna lo llamó más tarde para, años después, aceptar su destino como guardián. Pero tenía miedo. Le daba miedo pensar que lo rechazaría si llegara a saber que estaba muerto... Pero ¿si estaba muerto por qué se sentía tan vivo? ¿Por qué tenía emociones y sentimientos? Es algo que siempre se preguntaba ¿Estaría realmente muerto?
- La Luna me llamó... - dijo entonces tras varios segundos de silencio - antes de eso, solo había oscuridad.
 Jack, en numerosas ocasiones había intentado hablar con la Luna, ya que no volvió a hablarle desde que fue elegido guardián. A veces solo buscaba no sentirse solo, pero muchas veces le rogaba que no lo abandonaran de nuevo. Muchas veces sentía miedo de que sus compañeros se alegasen de él. <<Necesito a alguien - le decía Jack - alguien que pueda estar a mi lado siempre. Alguien que sea como yo>>.
 Muchas veces miraba la Luna desde Arendelle y se preguntaba si esa Luna era la misma que él conocía o solo eran muy similares. Esta tampoco le había contestado desde que llegó, pero cuando la veía tenía la misma sensación que cuando veía la de su mundo.  Se preguntaba si, de ser la misma Luna que él conocía, ¿le había guiado hasta Elsa? ¿Era cosa del destino o mera coincidencia el que se encontraran?  Pero no quería más preguntas innecesarias, quería disfrutar cada momento <<Mientras dure>>.
 El castillo también cambió en esos días. Entre ambos habían mejorado la estructura y decoración del edificio, añadiendo nuevos detalles tales como espejos, macetas con hermosas y fantásticas plantas talladas en hielo, mesas y un precioso tono en la sala central, cuyo respaldo se extendía hacia el techo como una enorme garra que parecía sujetar a Elsa con increíble delicadeza cada vez que se sentaba en él. Para sentarse había que subir cinco escalones y su base, robusta pero elegante,  parecía querer alzarse tan alto como el respaldo.
 Añadieron también nuevas habitaciones: una para invitados, la cual Elsa esperaba que fuera ocupada por Anna algún día; y otra para Jack, aunque él realmente no necesitaba descansar y no la usaba mucho.
 El patio también cambió: Justo antes de las escaleras que llevaban al palacio, Elsa y Jack crearon un camino en forma de cruz simétrica. El camino principal que llevaba al edificio estaba bordeado de formaciones de nieve y hielo que simulaban arbustos, decorados a su vez con pequeñas y delicadas flores cristalinas que se bañaban con los colores de la aurora.
 Justo en el cruce de caminos habían puesto la estatua de Elsa que Jack había hecho tiempo atrás. Su base la bordeaba una hermosa fuente con dos pisos no muy altos; el agua, finamente congelada,  parecía caer de ella y brillaba con pequeñas gotas que reflejaban la luz.
 Acompañando la nieve que formaba los arbustos por el camino principal, se erguían unas altísimas columnas heladas, coronadas con hermosos capiteles de delicadas volutas.
 Uno de los caminos restantes desembocaba en un bonito mirador, acompañado de elegantes bancos y plantas de escarcha desde donde que se podía ver Arendelle y alrededores. El otro daba a unas escaleras acompañadas de unos hermosos y finísimos arcos ojivales, que cubrían todo su recorrido como si de una bóveda de cristal se tratara. Estas escaleras llevaban a un nivel inferior de la formación montañosa, donde estaba el tablero de ajedrez en el que hace apenas unos meses, Elsa había pasado uno de los mejores momentos que podía recordar. Ocasionalmente, tanto ella como Jack,  lo usaban para patinar.

 En Arendelle, sin embargo, la situación empeoraba. La gente comenzó a caer presa del miedo, la locura y alguna enfermedad; varios aldeanos comenzaron a pregonar  cosas como el fin del mundo o malvadas conspiraciones de la reina. Entre el segundo grupo se encontraba también el Duque de Weselton, y no era ningún secreto que tenía intención de capturar a la Reina a pesar de las muchas amenazas de Hans; pero en joven monarca no terminaba de tomarse en serio a ese pobre hombre y no le convenía prenderlo, ya que tenía un gran poder como comercial y dos barcos cargados de mercancía que le resultaban muy útiles a él y a los aldeanos de Arendelle.
 Anna estaba preocupada por Hans y por su hermana. No podía entender porqué Elsa estaba tan interesada en estar sola y abandonarlo todo... habían estado tan unidas de niñas y se dio cuenta de que ese lazo que creía tan fuerte, se había desvanecido por completo hace años... al menos para Elsa.
 Hans, por su parte, cada día estaba más frío y distante. <<Es por el trabajo>>, se decía Anna. Hans pasaba la mayor parte del tiempo atendiendo las necesidades del reino y tratando de calmar al pueblo y demás nobles asistentes a la coronación de la reina. A penas dormía y el poco tiempo que pasaba con Anna le notaba muy cansado.
- Ya sé que estas muy ocupado y yo no soy de mucha ayuda - le había dicho Anna en una ocasión, mientras Hans descansaba en el salón con ella -. Pero me gustaría pasar más tiempo contigo.
 Tras un largo silencio, Hans reunió fuerzas y le hizo a su prometida una proposición un tanto atrevida.
- ¿Te gustaría compartir alcoba? - La joven princesa comenzó a titubear totalmente sonrojada. Hans se acercó a ella y la tomó de las manos -. Al fin y al cabo, nos vamos a casar ¿no? - Terminó con una sonrisa agotada. Sus ojos estaban hinchados, rojos y con ojeras marcadas, su barba pelirroja comenzaba a asomar en su piel y estaba más delgado que cuando había llegado -.
 La princesa aceptó la propuesta.
 Hans se mostraba dulce y amable el tiempo que pasaba a solas con ella, pero cuando se ponía la máscara de monarca prefería no acercarse a él, casi no parecía el mismo. Compartían lecho y Anna se dio cuenta de que Hans tenía pesadillas cada noche... y debían ser horribles. Muchas veces trataba de despertarlo, y muchas de las veces que lo conseguía Hans le gritaba como un energúmeno... Luego recuperaba la consciencia y se disculpaba, a continuación sufría un fuerte dolor de cabeza. Así cada noche. Salvo en una ocasión, en la que de un sobresalto al despertar, Hans golpeó a la joven en la cara y la tiró de la cama; cuando vio lo que había hecho ninguno de los dos rompió a llorar de milagro, aunque Anna si tenía los ojos llorosos. Hans salió de la cama veloz y tras observar el cardenal que le había dejado a su prometida en la mandíbula, la abrazó desesperado. "Lo siento, lo siento" repetía una y otra vez con voz cansada y agobiada al borde del llanto.
 Después de eso Hans se negó a seguir compartiendo lecho con Anna hasta que toda esa pesadilla que estaban viviendo en Arendelle legara a su fin. No quería hacerle daño.

 <<Tengo que hablar con Elsa y terminar con esta locura. Probablemente no sea consciente de lo que está ocurriendo>> Cada día el mismo pensamiento mientras miraba por la ventana de su alcoba, sola.
 Kristoff y Sven también se quedaron en Arendell y ayudaban a transportar leña, limpiar la nieve de las calles o lo que hiciera falta. Total, sin su trineo, no tenía nada mejor que hacer y ahora mismo, con el reino sumido en el caos, era imposible conseguir uno. De vez en cuando, Kristoff se pasaba por el castillo y le hacía compañía a Anna; charlaban o paseaban por el castillo, y menos a menudo, por el pueblo.

 Ese día, Hans estaba en la biblioteca, haciendo planes para las próximas semanas, meses o años...
 Había enviado a unos cuantos hombres para investigar los alrededores en busca de noticias sobre la reina; dos de ellos regresaron informando que habían localizado una extraña tormenta que les impedía seguir avanzando a lo alto de la montaña, tal y como le había dicho Kristoff en su primer encuentro. Otros dos guardias quedaron vigilando la zona y tres más seguían explorando. Hans les ordeno a los criados preparar provisiones para aquellos hombres.
 Se levantó de la silla frotando su entrecejo y se dirigió a una de las ventanas, donde apoyo su antebrazo en el cristal, a la altura de la cabeza, dejando caer su peso hacia adelante hasta que finalmente, su frente se apoyo en el antebrazo. Estaba completamente fatigado y le dolía muchísimo la cabeza. Por las noches no lograba descansar, las pesadillas se adueñaban de él y no dejaba de pensar en el incidente con Anna.
 En sus pesadilla él siempre estaba solo y el reino de Arendelle desolado, apenas unas cuantas formaciones rocosas entre nieve y hielo, y a veces, una voz desconocida, profunda y fría.
 <<¿Qué más puedo hacer...?>> Se preguntó.
 Cerró los ojos un instante para descansar la vista, entonces llamaron a la puerta.
- Príncipe Hans ¿Estáis ahí? - Habló una voz femenina al otro lado de la puerta. Hans conocía esa voz, en realidad ya conocía casi todas las voces del castillo y algunas del pueblo, era una de las doncellas de Anna -. Tengo algo importante que comunicaros, es la princesa... - Antes de poder terminar Hans abrió la puerta con expresión preocupada y demacrada.
- ¿Qué le ocurre a la princesa?
- Esta... bueno... creemos... que... - cogió aire y terminó la frase de carrerilla - ¡Esta en cinta!
 Por un momento la mente de Hans quedó en blanco. Estaba estupefacto y cansado, muy, muy cansado. Notó como se le encharcaban los ojos, pero hizo todo lo posible por no llorar, una sonrisa de júbilo se dibujó en su rostro y en un ataque de alegría abrazó a la doncella y se dirigió corriendo a la alcoba de su prometida.
 Olvidando sus modales y sin tan siquiera llamar a la puerta entró en la alcoba de la princesa. Anna estaba reclinada en su cama y hablaba con una de sus doncellas cuándo Hans entró. La princesa le vio y este corrió a abrazarla para después, besarla con infinita dulzura. La lagrima que llevaba tanto tiempo reteniendo, finalmente se escapó y corrió por su mejilla.
 La doncella hizo una reverencia un tanto avergonzada por contemperar la escena y salió de la habitación.
-Anna...¿ realmente estas...? - No fue capaz de terminar la frase, pero Anna asintió con ojos llorosos y sonrisa sincera mientras sujetaba la mano de su prometido con fuerza.
 Hans volvió a abrazar a su prometida, pero entonces recordó algo: aun no estaban casados. Se volvió hacia Anna y la miró con seriedad.
- Anna, querida... esto es maravilloso pero...  - le acarició la cara con dulzura - Tendremos que adelantar la boda.
- Lo sé - contestó ella un poco apenada -, pero tenía la esperanza de que Elsa...

 Antes de que pudiera terminar la frase llamaron a la puerta sobresaltando a la pareja.

- ¡Alteza - se escuchó al otro lado de la puerta -, una pareja de exploradores ha vuelto, dicen que la tormenta se ha disipado!

domingo, 4 de enero de 2015

Adelanto y fecha para el capítulo 11 + Nueva imagen

Capítulo 11: Cambios

 En el capítulo anterior Elsa fue consciente de que un nuevo sentimiento empezaba a aflorar en su interior, el estar con Jack despierta en ella sensaciones desconocidas, pero a Jack también siente esto cuando esta cerca de la Reina.
 En este capítulo nos pondremos al día de algunos cambios en la vida de los protagonistas tras un breve salto temporal. A demás, tal vez Anna nos de una sorpresa.

Martes 6 de Enero
Capítulo 11 de A New Frozen Kingdom
"Cambios"

 Como soy una persona super original subiré el capítulo como regalo de reyes (y a arte porque después tengo que ponerme a estudiar como una loca). 


 A parte del adelanto y la fecha, como bien indica el título de la entrada, quiero compartir con vosotros estas imágenes que tenía hechas desde hace algún tiempo, Pero una de ellas era demasiado pronto para publicarla, así que finalmente llegó la hora de subirlas.




 ¿Qué os parecen? Son simples de todo: recortar,copiar, pegar, unos filtros; pero me parece que quedan bastante monas. La que más me gusta es la de Elsa sola con la nieve ¿Y a vosotros?