viernes, 19 de junio de 2015

Capítulo 13: Complot

Cuatro guardias de Arendelle se habían refugiado en una cueva cercana. Habían emprendido la expedición con tres compañeros más, pero al encontrar el camino bloqueado por una extraña tormenta se habían separado para encontrar otra ruta o alguna otra pista sobre la reina. Su misión era encontrarla e informar al príncipe Hans, llevarla hasta Arendelle o rogarle que detuviera el invierno. Estaban algo inquietos, pues se les empezaban a agotar las provisiones. Tampoco sabían muy bien que harían cuando se encontraran con la reina; Hans les había dado órdenes claras y concisas, entre ellas estaba no dañar a la reina, pero ¿y si les atacaba? ¿y si sus vidas llegaran a correr peligro? o simplemente ¿qué podrían decirle a la reina una vez la encontraran? ¿y si se negaba? ¿que podían hacer ellos?
- Necesitamos más provisiones. - El guardia tenía expresión seria, pelo castaño y largas patillas -.
- No hace ni dos semanas que fuimos a Arendelle a por más. - Contestó el más delgado.
- ¿Estás seguro? Yo tengo la sensación de que llevamos aquí años. O a lo mejor es que vosotros dos no lo notáis porque os habéis hinchado la panza en Arendelle. - El hombre, alto, fornido y con un gran bigote, acusó mal humorado al guardia delgaducho y al guardia rubio que estaba intentando encender un fuego. Este ante la acusación se puso en pie.
- No os atreváis a juzgarnos cuando fuisteis vosotros dos los que insististeis en quedaros aquí haciendo guardia. Si tanta hambre y frio tenéis conocéis el camino a Arendelle. Bastante tenemos ya todos como para oís vuestras quejas. - Dicho esto tiró la rama que tenía en la mano y salió de la cueva.
- Menudo imbécil. - Comentó el de patillas.
- No es el mejor momento para discutir entre nosotros - dijo el más delgado -, debemos permanecer unidos... y cuerdos.
- Ni siquiera tiene sentido que sigamos vigilando esta zona ¿Crees que la tormenta se va a disipar por arte de magia?
- No soy un experto de la magia ni del clima, pero a mí esa tormenta localizada me parece bastante mágica.
- Pamplinas - bufó el guardia de grandes bigotes -, supersticiones campesinas. Tendríamos que estar fuera buscando a la reina y no aquí esperando un milagro.
 Hubo un breve e incómodo silencio.
- ¿Sois nuevos en la guardia verdad? No recuerdo haberos visto - preguntó el delgado -.
- ¡Oh, por el amor del cielo! -exclamó el de patillas - ¿Es que no te callas nunca?
 El guarda rubio entró veloz y jadeante en la cueva.
- ¡La tormenta se ha disipado!

 Los soldados se dirigieron rápidamente a la zona donde estaba la tormenta. Y no fue poca su sorpresa al ver los inmensos muros y los picos del tejado del palacio.
- Es increíble -dijo el más delgado-.
- Es brujería - contestó su compañero rubio-. Un grupo debe informar al príncipe Hans, otro debe ir a hablar con la reina.
- Yo hablaré con ella - se ofreció decidido su menudo compañero -.
- No, tu eres el más rápido de nosotros, deberías ir a Arendelle a informar al príncipe.
- Yo también soy rápido, iré con él - dijo el de patillas -.
- Bien. Nosotros hablaremos con la reina y esperaremos los refuerzos... si son necesarios.
 Cuando la pareja de guardias ya se hubo alejado el guardia rubio y el de bigote se ocultaron tras unas rocas, cerca de la  gran puerta del muro de hielo.
- ¿Crees que necesitaremos refuerzos? - Preguntó el guardia de bigote.
- No lo se... está claro que la reina es peligrosa pero...
- ¿Pero?
- A lo mejor no quiere hacernos daño. La princesa Anna está convencida de que no le haría daño a nadie.
- La princesa Anna es idiota ¡Que me explique cómo una persona inofensiva que no quiere hacer daño a nadie congela su propio reino y se da a la fuga!
- Estoy de acuerdo contigo... por una vez - hizo una breve pausa mientras contemplaba el muro -. ¿Qué haremos si no atiende a razones? ¿Qué hacemos si nos ataca?
- No sé qué harás tú rubito, pero yo quiero vivir.
- Estás insinuando que...
- Si.
- ¿Y las ordenes?
- Yo tengo otras órdenes - antes de que el guardia rubio pudiera reaccionar, el acero ya había atravesado su estómago. Cayó al suelo vomitando sangre y tiñendo la nieve de rojo carmesí. El hombre fornido oyó unos pasos en la nieve tras de sí. Sin preocupación aparente retiró el puñal del cuerpo sin vida de su compañero y lo limpió en la capa verde del cadáver esbozando una sonrisa de satisfacción - No has tardado mucho.
- Era un idiota flacucho - contestó el hombre de patillas -. Tu también has sido rápido.
- No hay tiempo que perder - se puso en pié y desenfundó su espada -. Acabemos con este invierno.

 Algunos aldeanos de Arendelle estaban realmente aterrorizados por la situación antinatural a la que la reino los había sometido, otros pensaban que la reina era una bruja y en general nadie estaba contento con la situación ni con la soberana. Muchos hablaban de rebelión, de darle caza a la reina como si de un animal se tratara, otros optaban por quemarla en la hoguera; pero en vista de que la princesa Anna y el príncipe Hans, al que actualmente le debían la vida y lealtad, estaban tan obcecados en traerlos de vuelta era preferible tratar esos asuntos en privado.
 Así pues, el Duque de Weselton había iniciado una pequeña conspiración en las sombras hacia la actual soberana. Al igual que él, otros muchos consideraban a la reina peligrosa y demasiado diferente.
- ¿Cómo esperáis que regrese y os proteja después de esto? - había dicho en una de sus reuniones.
 Así pues, muchos hombres, mujeres e incluso guardias reales y criados se unieron a su causa y le apoyaban en su plan de asesinar a la reina.
 Fue sencillo. Al tener como aliados a miembros de la guardia robar uniformes, eliminar a unos pocos y suplantarlos por otros no era algo complicado; a demás el príncipe tenía tantas cosas en la cabeza, tanto a lo que atender que la mayor parte del tiempo no sabía ni en que centrar su atención, así que un par de contactos bien situados que le aseguraran que todo iba bien era más que suficiente.

 El guardia de largas patillas había asesinado a uno de los miembros de la guardia que los acompañaba y volvió con su compañero. Ambos eran hombres de confianza del Duque, y a ambos les prometió fortuna si se encargaban de poner fin a ese invierno antinatural y al ser que lo había desatado.

***
 Jack aplaudía en el patio del castillo.
- ¡Bravo, bravo mi reina! ¡Sabía que podías hacerlo!
- ¡Basta ya Jack, por favor, me estas abochornando!
- ¿Bromeas? Esto es un gran paso Elsa, uno enorme. Pienso aplaudirte hasta que me ardan las manos o hasta que me hagas parar.
- En ese caso te ordeno que pares - Elsa lo dijo muy seria, pero Jack se echó a reír -.
- No tienes poder aquí Reina de las Nieves. Al menos no sobre mí.
- ¿Qué no tengo poder sobre ti? - Preguntó Elsa desafiante clavándole la mirada y acercándose decidida a su "rival". Jack tragó saliva y por un momento se arrepintió de sus palabras ¿Que pretendida hacer Elsa?
 Realmente no era del todo cierto lo que Jack había dicho. En efecto, Elsa no tenía forma de dañarlo, al menos físicamente; pero Jack era muy consciente de que la reina despertaba en él sensaciones desconocidas y eso, aunque ella no lo supiera, le daba un gran poder sobre él.
 Elsa miraba a Jack a los ojos, seria y de cerca... peligrosamente cerca. Jack quedó paralizado ante el gesto inesperado de la reina, se le cortó la respiración por unos segundos y no sabía muy bien qué hacer. Los ojos del muchacho no sabían si mirar los ojos intimidantes de Elsa o sus labios gruesos. Su cuerpo no sabía si alejarse o aferrarse a ella. Sus labios no sabía si soltar alguna respuesta ingeniosa o... besarla.
 Elsa esbozó una sonrisa triunfal en su rostro.
- Lo ves, ya has dejado de aplaudir.
- Eh... si, lo has conseguido... muy bien - el muchacho pasó una mano por el pelo y agachó la cabeza.
- ¿Jack te encuentras bien? Hoy estas un poco raro.
- Si, si, solo estoy un poco cansado, nada más - guardó silencio unos minutos mientras pensaba cómo zafarse de esa situación. Hace unas semanas había estado a punto de besarla <<¿En qué estaría pensando? Oh, sí: en nada, como de costumbre>>. Jack siempre había controlado la situación, y era Elsa la que se mostraba nerviosa e insegura, pero esa repentina muestra de confianza y osadía por parte de la reina lo había descolocado por completo. - ¡Papel y tinta!
- ¿Qué? - preguntó Elsa confusa.
- Papel y tinta. La carta para tu hermana. En seguida te lo traigo todo.
- ¡Jack espera!
 Pero Jack ya había sobrepasado el muro antes de que Elsa pudiera terminar de hablar. Se apartó un mechón de pelo de la cara y suspiró. <<Jack, estás muy extraño ¿qué te ocurre? ¿por qué no me cuentas nada? ... Quisiera saber más de ti>>.
 En efecto Elsa quería saber más cosas de él, pero tenía miedo por mucho que tratara de disimularlo, la única experiencia que tuvo con pelo que cambiaba de color no fue algo bueno. Pero eso no era lo que más le preocupaba, si no esos extraños sentimientos que se adueñaban de ella cada vez que Jack estaba cerca, y aún así, por muchas dudas y temores que eso le causara, en el fondo de su ser sabía que no quería separarse de él. ¿Era el deseo de estar a su lado lo que la asustaba? ¿o era el querer estar al lado de un misterio como él? Jack le había contado muchas cosas, pero era consciente de que seguía sin saber nada, y sobre todo tenía ese miedo a que la abandonara de repente... de que desapareciera y no volviera.
 Subió las escaleras para entrar en palacio y se dirigió a su alcoba. Apoyó los codos sobre la cómoda, observando ensimismada la flor que le había regalado Jack. De algún modo verla le levantaba el ánimo, y pensaba que en caso de que Jack se fuera, guardaría esa flor como un tesoro para recordarlo a él y todo lo que le había enseñado... ¿pero cómo iba a olvidarse de él ahora si lo tuvo presente en cada día de su vida desde que lo vio al otro lado de la ventana? No necesitaba una flor para recordarle, pero con el paso de los años, cada vez que tuviera dudas, podría verla y saber que todo fue real.
- Es real. Jack es real - se dijo mientras acariciaba la flor. - ... tal vez, debería explicarle como me siento... pero será mejor que primero arregle el desastre que he creado.  
 >> Intentó besarme ese día mientras bailábamos y yo me asusté... pero... creo que... algo dentro de mi también quería... - dejó de acariciar la flor y se irguió -¡No Elsa, basta! No es momento de perder el tiempo con esas cosas.
 Se dirigió al balcón y una vez fuera respiró profundamente. Miró el horizonte esperando ver a Jack, ya que era increíblemente rápido, pero por muy rápido que fuera había pasado muy poco tiempo. Elsa era consciente, pero ahora que se había acostumbrado a su presencia le aterraba la idea de que la dejara sola.
 Entonces algo la sobresaltó. Las recientes puertas del muro. Alguien las estaba empujando. Se asustó, pero no dejó que el miedo la dominara. Dispuesta a bajar al patio para recibir a sus visitantes se dio la vuelta cuando escuchó las puertas crujir y no pudo evitar volverse.
- ¡Guardias de Arendelle!
- ¡Allí arriba! - exclamó el hombre de patillas.
 Ambos empuñaban espadas y su actitud no parecía muy pacífica. Pero Elsa sabía que debía mantener la calma y evitar preocupaciones. <<Puedes manejarlo Elsa, puedes manejarlo>>, algo así le habría dicho Jack.
 Salió de su habitación y mientras bajaba las escaleras se metió en ese papel de reina para el que llevaba preparándose tantos años.
 Cuando llegó abajo los guardias estaban intentando abrir la puerta, o echarla abajo. Entonces, cuando Elsa ya se había sentado en su trono, abrió la puerta con un simple gesto de su mano.
 Uno de los guardias cayó al suelo tras embestir contra la puerta que se había abierto mágicamente ante sus ojos. Ambos vieron a la reina, poderosa e imponente, sentada sobre una enorme garra de hielo que la alzaba de forma triunfal. El guardia se levantó rápidamente.
- ¿Qué queréis?
 Por un momento los guardias parecieron olvidar para qué estaban ahí. Uno de ellos, el de patillas, titubeó un momento, pero fue el único que se atrevió a hablar.
- El príncipe Hans nos envía para rogaros que descongeléis Arendelle.
- ¿El príncipe Hans? ¿Desde cuándo manda él en Arendelle?
- Vu- vuestra hermana lo dejó al mando mi reina.
- ¿"Mi reina"? Creí que servíais al príncipe Hans - los hombres no supieron que decir -. Descongelaré Arendelle en cuanto me sea posible. <<Espero que con eso les baste>>.
- Pero la gente está sufriendo, lleva meses sufriendo ¿qué os impide hacerlo ahora?
 Esta vez fue Elsa la que no supo que contestar. Una muesca de temor se reflejó en su rostro y los guardias lo notaron.
- No puede hacerlo - dijo finalmente el hombre de bigote - o no quiere hacerlo.
- ¡Os equivocáis! Quiero, y puedo.
- ¿Entonces a que esperáis?
- ¡¡Basta, fuera de aquí!! - con un movimiento de su brazo Elsa liberó un fuerte viento que abrió las puertas del palacio y expulsó a los guardias, dejando un rastro de escarcha tras de sí -. <<¡Oh, no! No he debido hacer eso>> - se puso en pie sin poder disimular su miedo.
 Los guardias volvieron a entrar de inmediato. Esta vez más decididos que nunca a acabar con la vida de la reina.
- ¡Por favor marchaos, alejaos de aquí!
 Pero los hombres no escucharon, y sin pensárselo dos veces una de ellos apuntó con su ballesta y disparó. 
 Elsa logró parar el virote con un muro de hielo que creó de forma inconsciente. Pero el otro guardia se acercó a ella por la retaguardia dispuesto a atravesarla con la espada. Sin tiempo para pensárselo dos veces, Elsa disparó una fuerte ráfaga de hielo que lo apartó bruscamente de ella haciéndolo caer. Entonces con su otra mano disparó otra ráfaga desarmando al guardia que llevaba la ballesta.
- ¡Marchaos por favor, no quiero haceros daño!
- Ya es tarde para eso - el hombre se puso en pié y cogió de nuevo su espada dispuesto a abalanzarse bruscamente sobre la reina. La cual, una vez más logró defenderse creando un muro, o en este caso una jaula para retener al guardia.
- ¡Marchaos! - rogó una vez más la reina. El miedo estaba apoderándose de ella, dentro de poco no sería capaz de controlar su poder y podría ocurrir una desgracia.
 El otro guardia recuperó su ballesta y volvió a disparar, pero Elsa desvió la flecha con una ráfaga de viento. Oyó el acero contra el hielo, el otro guardia estaba tratando de romper su prisión, y lo que es peor: lo estaba logrando.
 Viento y nieve comenzó a girar alrededor de la reina, nublando su visión y su conciencia. Entonces algo le golpeó suavemente el rostro. <<¡El anillo de Jack!>>.
 No tenía nada que perder. Lo arrancó de la cadena y se lo puso.
 <<Jack por favor, ayúdame>>, rogó. Y justo cuando el guardia con espada logró liberarse y se disponía a atravesarla, algo invisible golpeó su cabeza con tanta fuerza que cayó al suelo aturdido.  Jack sujetó a Elsa y la elevó en el aire.
- ¿¡También vuela!? - exclamó el guardia que seguía en pie - Levántate zoquete, no dejes que se escape.
 El guardia disparó otro virote que Jack logó esquivar por los pelos. Por lo general era muy ágil, pero la larga estancia en Arendelle lo había debilitado y llevar a Elsa en brazos lo ralentizaba considerablemente.
 El guardia recargó mientras se dirigía a la puerta, y el otro guardia ya se había posicionado en las escaleras cortándoles el paso y con otra ballesta cargada dispuesta a disparar.
- Jack... ¿qué hacemos? - preguntó Elsa asustada -.
 Pero Jack no sabía que responder. Solo observaba la situación asustado y sin tiempo para pensar. Sujetó a Elsa fuertemente con un brazo y esta se sujetó a su cuello. Metió la mano que le quedaba libre en el bolsillo de su sudadera y sus dedos rozaron lo que buscaba.
 El guardia apuntó.
- ¿Jack?
- Nos vamos.

 El guardia disparó, pero antes de que el virote los alcanzase la reina desapareció ante sus ojos, y con ella Jack.

martes, 16 de junio de 2015

La reina ha regresado + fecha para el capítulo 13

 ¡Hola a todos/as!
 Cuatro meses han pasado ya (más o menos) desde que subí el capítulo 12 de este fanfic y, como bien avisé, necesitaba un parón en la historia; no por falta de ganas, si no por falta de tiempo. A partir del viernes tendré, oficialmente, la libertad condicional, es decir, que seguiré estudiando pero como no tendré clase tendré más tiempo libre para todos mis proyectos, y entre ellos está, por supuesto, esta historia. Así que como ya he mencionado a partir del viernes comenzaré a escribir los nuevos capítulos y publicaré el trece.

Capítulo 13: Complot

Viernes 19 de Junio
Capítulo 13 de A New Frozen Kingdom
"Complot"

 Elsa decide escribirle una carta a su hermana invitándola a su palacio, pero antes debe disipar la tormenta que protege sus helados dominios. Mientras Jack y la reina continúan estrechando su relación, en Arendell las cosas comienzan a estar un poco turbias, pues no son pocas las gentes que consideran a Elsa una amenaza y se oponen a los deseos de la princesa Anna y el príncipe Hans. 

sábado, 9 de mayo de 2015

Encuesta: ¿Cómo conociste esta historia?


 Hola chic@s, cuanto tiempo. Siento en el alma dejaros sin capítulos, pero ya sabéis que a penas tengo tiempo y actualmente vivo bastante agobiada, así que hasta verano no podré escribir más. Mis disculpas.
 Para no dejar tan muerto este blog se me ha ocurrido hacer una encuesta que, en lo personal, a mi me interesa mucho y es ¿Cómo conociste esta historia? o cómo llegaste a este blog, etc.
 Como siempre, la encuesta está en la barra lateral, justo debajo de Jack



Si la respuesta es "Otros", por favor, deja en un comentario cómo.

 Y ya por último me gustaría deciros que si hacéis algún montaje, dibujo o vídeo relacionado con el fanfinc o Jelsa estaría encantada de publicarlo en el blog.

Un saludo y gracias por leer.

domingo, 15 de febrero de 2015

Capítulo 12: Tu centro

 Elsa paseaba tranquilamente por el patio del palacio. Ese día llevaba el pelo suelto y el viento que protegía sus dominios agitaba levemente sus claros y ondulados cabellos. Parecía estar buscando algo... o a alguien, pero ya había recorrido varias veces los alrededores sin encontrar nada. Ya cansada de dar vueltas por los mismos sitios, se dirigió al mirador y una vez en él, se inclinó levemente apoyando sus brazos en la balaustrada. Contempló primero el horizonte grisáceo y blanquecino que las nubes y la nieve formaban, luego dirigió su mirada a Arendelle. La reina suspiró, olvidó por un momento lo que había ido a hacer al patio y se concentró en pensar cómo podría deshacer ese desastre; pero esta vez no sentía un temor tan profundo como otras veces, en cierto modo se sentía tranquila y mucho más segura de sus capacidades, ya sabía que podía controlar su poder pero... <<¿Cómo deshacerlo?>> Incluso Jack le había confesado que él nunca lo había hecho ¿Cuán iguales serian?
 Una sombra se deslizó sobre ella, pero estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no se percató hasta que la cabeza de Jack cubrió el sol que bañaba su rostro. Cuando la reina abrió los ojos  se topó con los de Jack. El muchacho estaba a unos centímetros de ella, flotando boca abajo  con expresión serena y sonriente.  Elsa retrocedió unos pasos.
- ¿Qué pasa? - Preguntó el muchacho mientras se enderezaba  hasta quedar de cuclillas en la balaustrada.
- Nada, solo estaba pensando.
- Pensar, pensar... de ahí vienen muchos problemas - el muchacho se sentó en la balaustrada y se inclinó hacia delante apoyando el peso en su bastón -. Apuesto que no estabas pensando donde podría estar escondido.
- No - rió Elsa -. En realidad pensaba cómo estarían las cosas en Arendelle - se dio la vuelta y comenzó a andar cruzando los brazos sobre su pecho y sujetándolos fuertemente, como intentando protegerse de algo. Tras una leve pausa añadió -. Soy culpable de todo lo que está pasando ahí abajo, se lo estoy haciendo pasar mal a mucha gente, pero aun no sé cómo solucionarlo...

 El silencio reinó durante unos segundos. Elsa vio hacia Jack con expresión apenada, cuando decidió dar la vuelta y seguir andando escuchó la voz del muchacho.
- Un gran hombre me dijo una vez... y digo grande en muchos aspectos,  que  todo lo que nos proponemos es posible, si tenemos fe , confianza y encontramos nuestro centro. - Elsa se giró hacia Jack y le miró a los ojos -.
- ¿Nuestro centro?
- Si, algo que tenemos dentro de nosotros. Nos ayuda a ser quiénes somos y a superar las dificultades, nos da confianza y nos hace fuertes. El mío es la diversión - Explicó el muchacho, que se había puesto en pie para acercarse a la reina -. El tuyo tal vez sea la libertad, la confianza... - hizo una breve parada y la miró a los ojos -. El amor...

 Amor. Hacía tanto tiempo que Elsa no escuchaba esa palabra, y mucho menos pensar en ella, o sentirla. Bien era cierto que estos últimos días que compartió con Jack comenzó a sentir una extraña sensación en su interior, aunque no sabía decir que era exactamente. Se sentía protegida, cálida, a veces parecía que el aire no le llegaba bien a los pulmones y le costaba respirar, otras veces incluso se sentía débil cuando Jack estaba cerca, pero por encima de todo, se sentía feliz. ¿Era eso amor? ¿Era eso debido a Jack? Elsa quería a su hermana, pero no sintió nada parecido cuando volvió a verla en su coronación, a parte de una enorme alegría por saber que estaba bien.

- ¡¡ELSA!! - Exclamó Jack sorpresivo al ver como el corpiño y la capa de la reina comenzaban a derretirse.
 Elsa despertó se su trance y pudo notar como el hielo comenzaba a derretirse y se deslizaba por su pecho y espalda hasta llegar a las caderas. Con un grito entrecortado ante la vergonzosa situación, la reina dio la espalda rápidamente a Jack cubriéndose con las manos. Estaba tan nerviosa y avergonzada que no sabía cómo reaccionar. Rápidamente, y antes de que Elsa se alegara más, Jack se quitó la sudadera y se la puso a la reina. Le cubría el cuerpo hasta los muslos. Elsa permaneció quieta unos segundos hasta que, de forma dudosa, comenzó a acomodarse la prenda y sacó las manos por la bocamanga.
- Gracias - dijo finalmente la reina tras un largo silencio. Estaba nerviosa ante la idea de tener cerca a un hombre ligero de ropa -.
- De nada - contestó mientras acariciaba las hebras de plata de su pelo, hasta que, finalmente, lo liberó por completo del cuello de la sudadera y lo dejó caer por su espalda -, alteza.
 El corazón de Elsa latía con fuerza y aceleradamente. Notaba sus mejillas sonrojadas y que le faltaba el aire.
- ¿Te encuentras bien?  - preguntó Jack -. Puedes estar tranquila, no he visto nada.
- Tengo... - comenzó a decir nerviosa y con ambas manos apoyadas en el pecho - tengo que ir a mi alcoba. Disculpa.
 Inmediatamente y sin mirara hacia Jack, se dirigió al palacio con paso ligero. Jack no pudo evitar sonreír, siempre que Elsa se ponía nerviosa le parecía adorable. Cuando se ponía nerviosa en lo relativo a timidez, no cuando se ponía nerviosa por miedo y su magia se descontrolaba.
 Un tanto fatigado, Jack, se tumbó sobre la balaustrada del mirador. Empezaba a sentirse cansado y sabía perfectamente por qué. Había pasado demasiado tiempo en Arendelle y había sobrevivido gracias a la fe que Elsa tenía en él, muy fuerte, pero no suficiente para mantenerlo al cien por cien de sus fuerzas durante mucho más tiempo. Estaba preocupado, no quería dejarla de nuevo, pero de lo contrario su estado podría empeorar, seguiría viviendo mientras una sola persona creyera en él ¿pero de qué manera? Recordó lo sucedido hace ochenta años, la batalla contra sombra: cómo Bunny perdió su forma y como Toothiana perdía sus plumas y sus fuerzas para bolar... aunque había un niño que si creía en ellos, y el primero que creyó en él. Jamie Bennett.
 Trató de apartar esos malos pensamientos. Miró hacia el cielo, cubierto de finas nubes pero con alguna que otra brecha, dejando ver un claro azul. Cerró los ojos y respiró profundamente estirando su cuerpo para desperezarse.

 Elsa estaba en su alcoba tratando de mantener la calma, era como si en cualquier momento fuera a perder el control de su cuerpo y, probablemente, de su poder. Aunque ya lo controlaba bastante bien, de vez en cuando aun le podía dar algún problema, pero nada realmente importante.
 Se sentó en su enorme y fría cama. Casi sin darse cuenta agarró el cuello de la sudadera azul y lo acercó a la nariz aspirando profundamente el aroma, dejando que invadiera su mente y relajándola profundamente. Pasó así un rato, hundiendo su rostro en la tela y tratando de memorizar cada esencia de esa suave y fresca fragancia. ¿A qué olía exactamente? No sabría explicarlo, simplemente, olía a Jack.
 De pronto abrió los ojos y volvió a la realidad. Su vestido se había derretido por completo y tenía las piernas mojadas. Estaba claro que todavía no controlaba su magia, pero el hecho de que su vestido se hubiera derretido, de dio esperanzas en su, aparentemente, imposible objetivo de descongelar Arendelle.
  Se puso en pie y se acercó a una elegante cómoda que tenía frente a su cama, en ella se encontraba la flor que Jack le había regalado tiempo atrás. Abrió uno de los cajones, y ahí, perfectamente doblado, estaba el vestido que había llevado el día de su coronación, con la corona, justo encima. Acarició la suave tela y miró fijamente el símbolo de su realeza, ese que tiempo atrás, cuando llegó a esa abandonada montaña, había tirado con tanto desdén. ¿Cómo podía volver al reino después de todo lo sucedido? Lo único que realmente deseaba era dejar atrás sus preocupaciones y seguir al lado de Jack, incluso ir a ver su mundo, pero era consciente de que no podía abandonarlo todo sin más, y menos a su hermana... tenía tanto que decirle... Por otra parte ¿cuánto tiempo permanecería Jack a su lado? Claro estaba que Jack era mucho más longevo que ella, tal vez inmortal y tal vez ni siquiera pertenecían a la misma especie, él era un guardián, o eso le había dicho, y aunque todavía no entendía muy bien que era, estaba muy claro que eran demasiado diferentes... de mundos diferentes.
 Cerró con un golpe seco el cajón de su cómoda y se quitó la sudadera quedando totalmente desnuda.  Era extraño, pero se sentía bien así, no sentía frío alguno, ni ningún tipo de peso, por leve que fuese, sobre su cuerpo. Se sentía etérea y libre.
 Una vez más, acercó la sudadera de Jack a su nariz y aspiró. Sabía que tarde o temprano no podría volver a sentir ese aroma y lo echaría de menos.  De pronto cambió su expresión, como si estuviera sufriendo una lucha interna, como si estuviera enfadada consigo misma y esos sentimientos que florecían en su interior, negó con la cabeza y lanzó la sudadera sobre su cama. Con increíble destreza, comenzó a congelar el aire de su alrededor creando un elegante y fino vestido sobre su cuerpo. Muy similar al que había llevado apenas unos minutos atrás. Pequeñísimas partículas comenzaron a juntarse al rededor de su cintura, dejando caer una larguísima falda en la que se formaban pliegues y dejaba arrastrar una larga y elegante cola. El brillante corpiño que cubría su busto fue decorado con un escote irregular en su borde, como si de un añadido de puntilla se tratase, solo que estaba formado con hielo puntiagudo y plano. La fina tela que cubría sus brazos y parte del escote también cambió, dejando el escote totalmente al descubierto pero cubriendo por completo su espalda y cuello con los mismos detalles que el corpiño. La capa, seguía cayendo desde el escote trasero del corpiño, pero esta vez añadió, una capilla más corta y más fina que nacía en ambos lados del corpiño bajo sus brazos y pasaba sobre estos. Añadió también unos pendientes con forma de gota, trasparentes y cristalinos; unos zapatos de cristal a juego con el conjunto y, finalmente, creó una fina cadena al rededor de su cuello, de la que colgó el anillo que Jack le había regalado.
 Con el anillo ya en su cuello, comenzó a juguetear con él entre sus dedos mientras sonreía de forma inconsciente. Una melodía comenzó a sonar en su cabeza evadiéndola de la realidad. Sin darse cuenta comenzó a mover sus pies al ritmo de la melodía que comenzaba a tararear y no tardó mucho en terminar bailando un vals consigo misma en la amplia y luminosa habitación.
 Mientras bailaba, su mente se llenó de escenas vividas el día que había bailado esa melodía por primera vez... con Jack. Recordó lo bien que lo habían pasado juntos y recordó también como Jack se había acercado a ella y estuvieran a punto de... <<¡Basta!>> Se dijo a sí misma la reina mientras negaba con la cabeza.
 Respiró hondo y se obligó a volver al mundo real, últimamente pasaba demasiado tiempo soñando despierta y no podía permitírselo, al fin y al cabo había asuntos mucho más importantes y urgentes de los que ocuparse.
 Se plantó frente al espejo y comenzó a arreglar su pelo echando su flequillo hacia atrás. Se hizo dos trenzas finas al lado izquierdo de cabeza, justo sobre la sien, para a continuación trenzar todo su pelo a un lado, dejando caer la trenza sobre su hombro derecho. Se miró un par de veces satisfecha con el resultado. Ese día se sentía increíblemente segura de sí misma y justo ahí, frente al espejo, tomó una importante decisión <<Debo hablar con mi hermana>>.
 Bajó las escaleras hasta llegar a la entrada principal, con un ligero movimiento de su brazo hizo abrir los pesados portones, pero cuando apenas se asomó a las escaleras algo llamó su atención. Era la voz de Jack. Escuchó durante unos instantes y al principio le pareció que estaba hablando solo, pero en realidad, estaba cantando. Nunca lo había oído cantar, si tararear alguna cosa, como el vals de las flores, pero jamás cantar. No tenía la voz más melodiosa del mundo, pero tampoco resultaba desagradable, al menos para ella.
 Tanto la melodía como la letras eran desconocidas para Elsa, pero Jack parecía completamente seguro de cada palabra que decía, como si él mismo hubiera escrito la letra sintiendo todo aquello que quería decir. Se acercó un poco más, tratando de no hacer ruido, para escuchar con más claridad. Finalmente se detuvo tras una columna, al lado de uno de los arbustos helados próximos al mirador, olvidando casi por completo su timidez ante el torso desnudo del muchacho.
 [ ]
¿Puede esto ser para siempre?

Adonde tu vayas , estés donde estés,
yo estaré aquí esperando por ti.
aunque esto me duela en el corazón,
yo estaré aquí esperando por ti.

Lo di por hecho todo este tempo, 
pensé que esto podría durar.
Oigo las risas, pruebo las lagrimas,
pero eso no me lleva hasta a ti.

¿No puedes verlo mi reina?
me estas volviendo loco.

Adonde tu vayas , estés donde estés,
yo estaré aquí esperando por ti.
aunque esto me duela en el corazón,
yo estaré aquí esperando por ti.

- ¿Te gusta? - preguntó Jack abriendo uno de sus ojos y dirigiendo la mirada hacia Elsa que, al verla, se vio obligado a erguirse y abrir ambos ojos para verla bien. Estaba realmente deslumbrante. Elsa, sonrojada, agachó un poco la cabeza y desvió la vista.
- Oh... yo... lo-lo siento.
- Estas preciosa - dijo acercándose a ella, mientras ella a su vez  se alejaba de él. Reparó en la cadena que llevaba al cuello y el detalle que descansaba sobre su pecho: el anillo que le había dado tiempo atrás. Jack sonrió.
- Gracias... - dijo nerviosa.
- ¿Qué te pasa? - preguntó extrañado ante el comportamiento de la reina.
-  Nada, es solo que... - giraba la cabeza todo lo que podía intentando apartar la mirada, pero no podía impedir verle intermitentemente. La piel desnuda de Jack  llamaba demasiado su atención y frotaba sus manos inquieta - estas desnudo - consiguió decir finalmente sonrojándose, si cabe, todavía más.
- Oh... entiendo - dijo comprensivo, aunque algo extrañado. No recordaba haber visto nunca a una chica tan nerviosa por ver a un chico con el torso al descubierto, pero claro, estaba en otro mundo, a lo mejor en Arendelle eso estaba mal visto - ¿Y dónde has dejado mi sudadera?
- ¿Tu qué? ¡Oh, tu vestimenta! La... la olvidé en mi alcoba.
 Antes de que Elsa pudiera terminar de girarse para ir a buscarla, Jack ya había volado hasta el balcón, así que dejó que fuera él a por ella. Tardó menos de un minuto en regresar, esta vez, totalmente vestido. Fue entonces cuando Elsa, después de mirarlo más fijamente y más calmada, se dio cuenta de que algo había cambiado en él.
- ¿Mejor así?
- Jack... - dijo Elsa con voz temblorosa y acercando las manos al cabello del muchacho ignorando su pregunta - tu pelo... ¡se está volviendo marrón!
- ¿¡Qué!?
 Elsa creó en su mano un pequeño espejo para que Jack viera su reflejo. Al hacerlo, el muchacho quedó en blanco unos segundos, totalmente pálido, mientras se acariciaba los mechones castaños.
- Vaya... qué cosas - fue lo único que logró decir.
- ¿Es normal en los guardianes?
- Eh... puede, si... en algunos... bueno, todo el mundo cambia, hay-hay épocas de cambio para todo el mundo - improvisó intranquilo. Elsa lo miró dubitativa y con desconfianza.
- Estas ocultándome algo...
- ¡Que va, no digas chorradas! Es solo que no esperaba este cambio tan pronto - respondió dedicándole una sonrisa. Después de todo, era cierto que no se esperaba que ese mal cambio llegara tan temprano -. Todo va bien, de veras - terminó tomándola suavemente de las manos. Elsa dudó durante unos segundos, pero finalmente asintió, después de todo no tenía motivos para desconfiar de Jack, lo único que había hecho fue ayudarla, podía permitirle guardarse sus secretos.
 Jack y Elsa mantuvieron su mirada el uno en el otro durante unos segundos.
- Solo te falta una cosa para estar perfecta - comentó Jack intentando así que Elsa se olvidara del tema de su pelo.
- ¿Qué?
 Jack puso su mano sobre la cabeza de la reina, dando forma sobre ella una hermosa corona fina y cristalina que parecía tener nieve en su interior.
- Ya está. La reina de las nieves perfecta - dijo el muchacho dedicándole la más sincera y cálida de las sonrisas.
 Elsa, curiosa por ver la creación, tomó la corona entre sus manos para poder observarla. Quedó sencillamente maravillada, no habría corona que pudiera llevar con mayor orgullo.
- Gracias Jack, es preciosa - no puedo evitar sonreír. Se colocó de nuevo la corona y guardó silencio unos segundos, mientras miraba al joven, pensando cómo pedirle un importante favor -. Jack, necesito que hagas algo por mi... otra vez.
- Pide por esa boquita.
 Elsa hizo una extraña mueca de perplejidad, algunas de las expresiones que usaba Jack simplemente la desconcertaban.
- Necesito que vallas al castillo y me traigas papel, pluma y tinta. Quiero escribirle una carta a mi hermana invitándola a venir. Después necesitaré que le entregues la carta.
 Con una inmensa sonrisa, Jack abrazó repentina y fuertemente a Elsa.
- ¡Oh Elsa eso es maravilloso, estoy tan orgulloso de ti! - decía al tiempo que le frotaba la cabeza a la reina revolviéndole un poco el pelo. Elsa intentó corresponder al abrazo, pero cuando se dispuso a ello Jack se apartó ignorando su gesto.
- Pero antes - continuó algo sonrojada - querría que disipases la tormenta que protege el castillo. Yo me encargaré de ponerle una puerta al muro.
- No - rió divertido - tu vas a encargarte de ambas cosas.
- ¿!Qué¡?
 Más rápido que el pensamiento, Jack sujetó a Elsa por la cintura y la elevó en el aire. Esta, asustada, se aferró al cuello del muchacho desesperadamente. Jack seguía subiendo ignorando por completo las ordenes de la reina para que la dejara en tierra.
- ¿Por qué tanto miedo? ¿No creerás que voy a dejarte caer verdad? Que desconfiada sois mi reina, me siento dolido - terminó en tono de burla - ¿Por qué no te relajas y miras lo que hay más allá?
 Elsa, como de costumbre obediente con su "maestro", miró el horizonte helado y blanco, hermoso pero mortal. Al juzgar por la posición del sol, no quedaban muchas horas más de luz. Faltaba poco para el atardecer.
 Respiró hondo y con decisión, sintiendo el apoyo y la seguridad que Jack le brindaba. Entonces, con determinación, se dispuso a despejar la tormenta.